LA TIERRA PINARIEGA DE BURGOS Y SORIA *






José Luis MORENO PEÑA


        La Tierra Pinariega, que, con una superficie de 1.682 km2, se extiende por algo más de una treintena de municipios en la parte sudoriental de Brgos y noroccidental de Soria, se configura como un espacio en el que desde hace cientos de años la cubierta forestal se ha convertido en principal definidor de su paisaje y en soporte fundamental de las vidas de sus habitantes. Por doquier, en todos los planos, desde las más próximas miradas, que por la cercanía se pueden trocar en rugosa sensación táctil y en frasco derramado de aromas a un mismo tiempo frescos y fuertes, la repetida e interminable sucesión de las copas de los pinos, convertidos en infinita repetición de pinceles ululantes que se mueven al compás del viento, satura de colores sobrios, dominados por tonalidades verdinegras, la tupida veste forestal en la que según las estaciones del año, y variando con las horas del día, las intensas luminosidades que envuelven estas tierras interiores, con reminiscencias de ambiente montañés, se posan, se deslizan, rebotan o resbalan.

        Durante siglos, los pobladores de la Tierra Pinariega mantuvieron géneros de vida profundamente vinculados a la esplendidez de sus bosques y bien adaptados a las limitadas potencialidades del complejo ecológico. En relación con ello, las poblaciones pinariegas se orientaron hacia dos ocupaciones predominantes, la forestal y maderera, por una parte, y la del transporte carreteril, por otro lado, pero, a la vez, íntimamente entrelazadas dado el carácter complementario que las definió. A ambas se debe añadir la actividad pastoril trashumante, practicada por varios pueblos en los que constituía la tarea casi exclusiva hasta bien entrado el presente siglo. Aunque hoy la carreteríaa no es más que un recuerdo y la trashumancia únicamente mantiene algún vestigio residual, los aprovechamientos del monte no sólo conservan el papel de fuente significativa de trabajo y de base para la generación de ingresos económicos, sino que, además, constituyen el principal distintivo en torno al cual se sienten aglutinados los habitantes de la comarca.

        El territorio de la Tierra Pinariega se reparte entre quince municipios burgaleses y diecinueve sorianos, considerando el ámbito espacial definido tanto por la percepción tradicional como por la fuerte impronta de la masa de coníferas y de las formas de vida vinculadas desde hace siglos a su presencia. Crecen en lugares cercanos, sobre todo por el sur y noroeste, algunas florecientes manchas de pinar, que se podrían asimilar como continuación del espacio comarcal pinariego. Pero, aunque tengan similitudes por su paisaje, presentan, a la vez, diferencias notables tanto por la extensión que ocupan, más reducida, como por su origen, pues en gran medida los pinares de estos sectores periféricos son resultado de repoblaciones efectuadas en fechas recientes. Hay, asimismo, disparidades por las formas de su aprovechamiento, entre las que no se incluyen los "pinos de privilegio".

        Si bien con la reorganización, en 1833, del mapa administrativo español, Casarejos, Espeja, Navaleno, San Leonardo de YagŁe, Santa María de las Hoyas y Vadillo se transfirieron de Burgos a Soria, en lo esencial los pueblos pinariegos siguieron repartidos entre las dos provincias. Sin embargo, como realidad que subyace a esta dualidad existe una base común de identidad única manifestada tanto a partir de los elementos del substrato físico como proyectada por la trayectoria histórica del componente humano, que, por lo menos desde la Edad Moderna, se organizó para sacar el máximo provecho, sin producir detrimento en sus potencialidades, de un espacio accidentado por un relieve entrecortado, con sectores relativamente amplios de elevada altitud y afectado por condiciones climáticas poco favorables para la agricultura. A ambos lados del límite provincial los habitantes de los pueblos pinariegos se identifican por la vivencia de sentirse ocupantes de un territorio común.

Un espacio montañoso entre la Demanda y las llanuras de Castilla.

        La comarca pinariega, que forma parte del sector castellano de la Cordillera Ibérica, se extiende por la orla mesozoica que hacia el sur establece la transición entre las montañas del Macizo de la Demanda y del Urbión y las llanuras de la cuenca sedimentaria de Castilla. De norte a sur disminuye la altitud y se suceden materiales que van desde los afloramientos triásicos y jurásicos, que en el flanco septentrional de las sierras de Neila y Urbión se adosan a los bloques paleozoicos constitutivos del núcleo del sistema, hasta las estructuras plegadas del Cretácico Superior que por el sur cierran la Tierra de Pinares en la Sierra de Cabrejas y en la de Nafría. De este a oeste el espacio pinariego se extiende desde la Sierra de Portillo de Pinochos hasta las proximidades de las Peñas de Cervera. A partir de aquí hacia el sudeste se configura la compleja morfoestructura para la que el ilustre geógrafo Jesús García Fernández ha acuñado la expresión de la gran combe externa de la vertiente castellana de la Cordillera Ibérica, en cuyos materiales silíceos, predominantemente wealdenses, las coníferas han encontrado un buen soporte para su desarrollo.

        En el sector más septentrional se dispone, en una franja alargada de este a oeste, una sucesión de bloques en los que se incluyen los espacios situados a mayor altitud, que, en la Sierra de Neila, en los confines de Valle de Valdelaguna, Neila y Quintanar de la Sierra, superan ligeramente los 2.000 metros en las abiertas soledades de la Campiña (2.049 m.). En su flanco norte se ha tallado el complejo lacustre de las lagunas altas -Larga, Negra, Corta, de los Patos, Brava y de la Cascada-, más conocido por el nombre de Laguna Negra de Neila. Ofrece un bello efecto paisajístico cuyos orígenes se remontan a la acción erosiva de las glaciaciones cuaternarias. Tiene correspondencia, más al este, en otros conjuntos lacustres de similares características. Destaca entre ellos, cerca de los Picos de Urbión, el de la Laguna Negra -y otras, como la Larga, la Helada, la del Hornilla y de la Oruga-, donde Antonio Machado ambientó, en poético escenario, la acción de de su relato la Tierra de Alvargonzález.

        Las formas excavadas por el hielo, situadas por encima de los 1.850 m., integradas por circos glaciares y nichos de nivación, se acompañan de depósitos que corresponden a pequeños arcos morrénicos, poco resaltados, rocas aborregadas y algunas coladas de derrubios. Se trata en todos los casos de elementos de escasa entidad por su tamaño.

        Cerca de las lagunas de Neila nacen el río Najerilla, que corre con rapidez estruendosa, pronto remansada en el embalse de Mansilla, hacia las tierras más bajas de La Rioja, y el Arlanza, que alterna su carácter más sosegado con violentas crecidas primaverales. Algo más al este tiene sus fuentes el padre de los ríos de Castilla, el Duero, que ve la luz primera de sus azules y claros días montañeses, no muy lejos de la Laguna Larga, al pie del Pico de Urbión , máxima altitud con la que se corona por el norte, a 2.228 m., el espacio pinariego soriano.

        La Sierra de Neila y la de Urbión se han modelado sobre conglomerados y cuarzarenitas jurásicas, que en declive progresivo se prolongan hacia el sur a través de irregulares extensiones recubiertas por materiales predominantemente arenosos, sobre todo albienses y de facies weald, que se entreveran con sectores de depósitos margosos y calcáreos cretácicos. Se elevan en su parte más meridional en las modestas sierras de Cabrejas (1.422 m. en el Sillado) y de Nafría (1.215 m. en El Ardal), prolongada al oeste por la Sierra de Costalazo. El conjunto, en el que alternan formas alomadas con áreas quebradas por valles flanqueados de fuertes taludes, coronados por poderosos cantiles tallados en las calizas del Cretácico Superior, corresponde a un tipo de relieve en parte inverso y en parte conforme, que traslada a la superficie las líneas directrices básicas de unas estructuras plegadas manifestadas a través de una sucesión de eminencias y sectores deprimidos en la que se relevan sinclinales colgados, crestas y bóvedas anticlinales y extensas formas laceradas y desniveladas por la erosión en las combes abiertas en los materiales blandos, donde emergen fragmentos de pliegues de núcleo perforante.

        Al sur de la Sierra de Neila hay un pequeño afloramiento paleozoico, en las proximidades de Palacios de la Sierra. Algo más al este se inicia la Sierra de Resomo, levantada en Peña Alta hasta 1.543 m. Partiendo desde el Urbión, la Sierra de la Umbría, que domina el primer tramo del Duero por su margen derecha, se prolonga en dirección suroeste hasta acercarse a la Sierra de Resomo.

        Dentro de la comarca tiene sus fuentes el río Lobos, que inicia su carrera por el sinclinal de Hontoria del Pinar. En su avance en dirección sudeste al encuentro del Ucero, ha experimentado a lo largo de su historia el descenso progresivo de su lecho, hasta encajarse entre sesenta y ciento cuarenta metros en un angosto cañón, flanqueado de encastillados cantiles calcáreos. Avena parcialmente, pues la circulación es en buena parte subterránea, la cuenca de carácter estructural del sinclinal de su mismo nombre, Río Lobos, alargada de noroeste a sudeste. Sus calizas cretácicas, arrasadas por una superficie de erosión, han sufrido desnivelaciones y desplazamientos por líneas de falla y desgarres. Le bordea por el norte el afloramiento perforante de San Leonardo de YagŁe, donde emergen los estratos liásicos y jurásicos. Por el sur tiene como límite la combe de Santa María de las Hoyas y la ligeramente levantada bóveda anticlinal de la Sierra de Nafría.

        En la superficie de la depresión sinclinal del río Lobos aparecen incisos varios cauces secos, convertidos en valles colgados sobre el cañón, en el que el propio río parece abocado a una evolución semejante. Lapiaces, dolinas y torcas completan el paisaje kárstico. El subsuelo está horadado por una tupida red de cavernas. Hundimientos de sus techos dan lugar de tiempo en tiempo a nuevas aperturas de profundas simas. El carácter singular de sus formaciones geológicas y el pintoresquismo de su paisaje llevó en 1985 a la declaración de este espacio como parque natural, con una extensión de 9.580 has.

        Con los materiales calcáreos como substrato, en este sector meridional el pinar pasa a compartir su protagonismo con carrascas y sabinas, a la par que paulatinamente se sale de la Tierra Pinariega.

Un clima con matices de montaña.

        La situación interior, con una altitud en la mayor parte de la comarca por encima de los 1.000-1.100 metros, y la proximidad de un macizo montañoso, en el que se sobrepasan los 2.000 m., se unen como factores que intervienen en la modificación de algunos rasgos del clima mediterráneo para incidir en unas condiciones termopluviométricas definidas por la larga duración y las bajas temperaturas del invierno y por un volumen de precipitaciones que rebasan ampliamente las que son características de las llanuras próximas. Aumentan su cuantía en el norte del conjunto, a la par que descienden las temperaturas, y disminuye el volumen de lluvia hacia el sur, lo que coincide con una mayor incidencia de la aridez estival, si bien sus efectos se muestran atenuados.

        Durante el invierno se registran valores térmicos muy bajos. No sólo se caracteriza por el extremado rigor de las temperaturas sino también por su larga duración. Desde octubre se pueden producir heladas en toda la comarca, y antes incluso, desde septiembre, en la parte, más alta, de la franja septentrional. Se continuarán, aunque sea con carácter esporádico, aún muy avanzada la primavera. Hasta 137 días de helada se registran en Vinuesa, y 131 en Quintanar de la Sierra, donde durante seis meses -siete en Covaleda- las temperaturas medias no llegan a 10o. A los inviernos largos y fríos suceden veranos cortos y relativamente frescos, con temperaturas medias que no rebasan generalmente los 18o en julio. Sólo en la parte más meridional se superan estos valores. Junto a fuertes oscilaciones térmicas diarias no son infrecuentes los episodios en que durante varios días, en pleno verano, las temperaturas pueden experimentar un descenso apreciable.

        Las precipitaciones son relativamente abundantes, lo que se explica por la cercanía de importantes barreras orográficas. En relación con ellas y con la altitud se registra el máximo, ligeramente superior a los 1.000 mm., en Quintanar de la Sierra y en Vinuesa. El mínimo de precipitación coincide con el estío, como corresponde a la influencia mediterránea, distribuyéndose los mayores volúmenes de lluvia entre los restantes meses, en algunos casos en invierno. Descienden hacia el sur, reduciéndose a 11 mm. y 21 mm. en el mes de agosto en San Leonardo de YagŁe y en Arauzo de Miel. Quintanar de la Sierra y Vinuesa registran el mes más lluvioso de la comarca en diciembre, con 137 mm. y 131 mm. Al caer la mayor cantidad de agua entre los meses de noviembre y marzo se limitan sus efectos positivos para la agricultura, aunque el obstáculo principal deriva de las bajas temperaturas. Asimismo, al coincidir con el invierno, una parte significativa de la precipitación tiene lugar en forma de nieve. Las primeras nevadas pueden llegar ya en octubre a los lugares más elevados. Se repetirán después intermitentemente, hasta mayo, y, aunque en conjunto no alcanzan valores muy altos, sí que son, en cambio, un acompañante de los fríos invernales.

Un complejo ecológico con potencialidades limitadas.

        Relieve y altitud, unidos al factor de situación, han convertido a la comarca de pinares en un espacio con condiciones naturales próximas a la montaña y más húmedo que las áreas cercanas, o, al menos, sin la acusada intensidad de la aridez estival que les es propia. Se configura así un escenario favorable para el desarrollo de los bosques, con formaciones de robles, parcialmente de hayedos y, sobre todo, de pinares. Destaca el pino albar, aquí conocido como "pino Soria", que encuentra un ambiente idóneo para su desarrollo, aunque no todos los rasgos del clima son igualmente positivos y en relación con ello se detiene hacia los 1.800-1.900 metros de altitud. La crudeza de los fríos invernales, uniéndose el peso de la nieve y la acción del cierzo, tiene efecto negativo en forma de desgarre de ramas y descuajamiento de árboles. El ambiente de sequedad del período estival, que no está totalmente ausente, puede influir negativamente en la vitalidad de la masa forestal. Aun así, las condiciones ecológicas se muestran propicias para el pino, que se halla en etapa de expansión, colonizando antiguas parcelas de cultivo y pastizales de forma natural, aunque también, en otros casos, se ha visto favorecido por la política forestal. La adecuación a su habitat tiene entre sus manifestaciones la escasa incidencia de plagas, en cuya prevención se actúa, además, con medidas biológicas de control a partir de la dispersión de feromonas.

        La presencia del pinar es muy antigua. A partir de estudios de depósitos de polen en las turberas que circundan al complejo lagunar de Neila y en otros lugares del macizo de Urbión se constata su existencia en este sector de la Cordillera Ibérica a lo largo del Holoceno. Estos datos de carácter paleobiogeográfico parecen contradecir la idea de considerarlo como especie invasora a costa de hayedos y robledales, que constituirían las formaciones originarias, progresivamente degradadas por la acción antrópica y sustituidas a continuación por los pinos.

        Referencias a la cobertera antigua de la masa de coníferas se nos han transmitido a través de la toponimia, incluida la denominación de varios pueblos y municipios actuales -Cabrejas del Pinar, Hontoria del Pinar, La Aldea del Pinar, Navas del Pinar, Pinilla de los Barruecos, Rabanera del Pinar, Vilviestre del Pinar-. Desde la Edad Moderna se constata la importancia del pinar por los testimonios abundantemente dejados en la documentación. Ello no excluye otro hecho, la difusión que con posterioridad ha llevado a su expansión fuera de lo que constituyera su ámbito más originario. Tal es lo que sucede en el Valle de Valdelaguna, Huerta de Arriba y en Neila, donde los pinares superan ampliamente la importancia que tenían hasta el siglo XIX. La misma observación es aplicable a la franja más meridional de la comarca.

        Las características del roquedo constituyen un factor importante para la distribución de la cobertera arbórea. Su influencia se manifiesta tanto en la localización del terrazgo como en la configuración de las formaciones vegetales, individualizadas en manchas que de manera bastante precisa se corresponden con los distintos tipos de rocas. En relación con la alternancia de materiales silíceos y calcáreos, nos encontramos con un reparto bien definido de las formaciones dominantes, constituidas por pinares, (Pinus sylvestris, P. pinaster, P. laricio), enebrales (Juniperus thurifera), rebollares y quejigales (Quercus pyrenaica, Q. faginea), y carrascales (Q. ilex), así como de los estratos arbustivo y de matorral, dominados por el esqueno (Juniperus communis) y las estepas (Cistus laurifolius). Junto a ellos, y como sotobosque de los pinares, intermitentemente aparecen "matorros de roble" (Q. pyrenaica), helechos y, en espacios más abiertos, piornales, brezales y aulagares, así como una extensa variedad de plantas aromáticas, todo lo cual constituye base para una relativamente activa explotación apícola.

        La altitud también matiza la composición y aspecto de las formaciones arbóreas, principales definidoras del paisaje, con las masas de pinos como notorio protagonista. Hasta los 1.100-1.200 m., el pino albar (P. sylvestris) dominador se puede ver acompañado por el rebollo, manifestado como estrato arbustivo. A partir de los 1.200 m. hay mezclas de hayedo y pinar. Desde los 1.700 m. hace acto de presencia el roble (Q. petraea). Más arriba, entre el pinar se entreveran esquenos (J. communis), hasta llegar al piso superior, a partir de los 1.850 ó 1.900 m., ocupado sólo por los praderíos, frescos aunque de hierba dura, de gran interés en siglos pasados para la numerosa cabaña de lanío trashumante.

        Hasta 1.700 m. el pino silvestre se desarrolla con espléndida figura. Desde 1.700 m. hasta 1.850 m. se entremezclan con los característicos pies de fuste recto, largo y limpio, sin ramificaciones ni nudos, de figura grácil y esbelta, coronada en su extremo superior por atrevida mata de ramas, otros árboles con porte más corpulento, en algunos casos parcialmente retorcidos o chaparros como consecuencia de la deformación provocada por el peso de la nieve.

        En los claros ocupados por herbazales que horadan diversos parajes del monte, su situación a distintos niveles altitudinales introduce factores de diferenciación -tan importantes como en la distribución del estrato arbóreo, que conserva una mancha relicta de pino negro (P. uncinata) en "El Castillo" de Vinuesa- entre los pastos de laderas a mediana altura y los correspondientes a los pisos subalpinos, psicroxerófilos y cervunales, de los sectores más elevados, aprovechados como agostaderos por su frescor. El frío es determinante de las características del manto herbáceo que crece entre los 1.900 y los 2.000 m. El efecto de hielos y nieves distribuye la capa de césped en cepellones. En los lugares más altos, hacia los 2.000 m., la superficie se llega a mostrar totalmente desnuda. Con frecuencia el pastizal aparece en estado de regresión, invadido por el matorral. El descenso de la presión ganadera ha incidido en el detrimento de su calidad, mejor conservada antaño tanto por la actividad de los pastores como por el herbajeo selectivo de las cabañas de vacuno, lanar y cabrío.

        Esta disposición natural de la vegetación no resulta incompatible con las modificaciones que la intervención humana, a través de su dilatada ocupación del territorio, ha introducido en la localización de las masas forestales. Cerca de los núcleos de poblamiento y en torno a los viejos corrales y tenadas, se mantienen pequeños espacios adehesados, en los que destacan corpulentos enebros -nombre local del J. thurifera- y robles podados en candelabro. El terrazgo se estableció siempre de manera preferente en los sectores más bajos, sobre todo en margas cenomanienses y en los rellanos de soliflucción, si bien, en relación con la escasez de espacios disponibles, también se cultivaron suelos entecos, pedregosos y con fuertes pendientes, abandonados paulatinamente desde los años sesenta y hoy colonizados por el monte.

        La incidencia que la altitud y su situación interior tienen en unas condiciones duras desde el punto de vista térmico ha constituido siempre un inconveniente para la agricultura. Factores naturales se unen así con la orientación productiva para la configuración de un espacio en el que la huella del hombre no se ha impreso con la misma intensidad que en las áreas que han basado su economía en la actividad agrícola.

La escasa entidad de la agricultura y la orientación hacia la ganadería.

        La orientación económica de estas poblaciones serranas está y ha estado históricamente muy condicionada por la amplitud de los espacios boscosos. La agricultura, que siempre tuvo un carácter secundario, es hoy casi inexistente. Este hecho tiene expresión en la distribución del espacio según aprovechamientos. Las tierras agrícolas apenas si representan el 9 por 100 del espacio comarcal. En casi la mitad de los municipios o están totalmente ausentes o no llegan a ocupar ni el 1 por 100 del término. En la mayoría de los pueblos no hay más cultivos que los de algunos huertos, escasamente cuidados, situados en su interior o en la periferia más inmediata. Sólo en Huerta del Rey, Espeja de San Marcelino, Arauzo de Miel y Cabrejas del Pinar, su importancia es algo mayor, al dedicársele como promedio el 27 por 100 de la superficie. En los demás no llega al 3 por 100 de su extensión.

        Tampoco la ganadería, en siglos pasados con una gran cabaña de vacuno y con grandes rebaños de lanar, aprovecha todas las posibilidades que ofrece el entorno. En el sector ovino se cuenta con unas 48.000 cabezas, número inferior a las casi 60.000 de finales de los años cincuenta y mucho menos de lo que sumaban los variados rebaños de ovejas hasta principios de este siglo. Antaño era mucho más importante el ganado lanar trashumante de raza merina, aunque también había ovejas churras, que son, hoy, las predominantes. Comparten pastos con ellas las ojaladas. Envilecidas en su peculiaridad de raza por múltiples cruces y mestizajes, se está ahora en trance de selección para recuperar su pureza genética.

        La trashumancia fue actividad en la que destacaron varios pueblos hoy pinariegos, en los que constituía la ocupación principal. El Real Valle y Villa de Valdelaguna y Neila fueron los dos municipios más definidamente ganaderos y trashumantes de Burgos. Entre ambos contaban a mediados del siglo XVIII con una cabaña de lanar equivalente a la actual en toda la comarca. Había otros lugares que también tenían grandes rebaños de merinas, como Salduero, Molinos de Duero o Vinuesa, lugar este último donde al pastoreo se sumaba el valor añadido de los lavaderos de lana.

        La ganadería trashumante tuvo cierta importancia hasta hace medio siglo. Después, problemas en el acceso a los distintos pastos, el incremento de los costes y dificultades para los desplazamientos influyeron en su retroceso. El ferrocarril Santander-Mediterráneo se convirtió en un medio utilizado por los ganaderos para el trasiego de las ovejas entre los lugares de invernada y los pastizales de las tierras altas de Burgos y Soria. El cierre de la línea impuesto por RENFE en 1985 añadió una nueva dificultad, al eliminar este medio de transporte. Aun así, todavía se produce cada primavera la llegada de un rebaño, de dos mil cabezas, que permanece hasta el otoño en los praderíos de los elevados y frescos puertos de Neila. Sus dueños, última generación de una larga estirpe de pastores trashumantes, originarios de Tolbaños de Arriba, mantienen vivo el género de vida que durante siglos animó a sus mayores.

        Este tipo de ganaderos constituye excepción en la comarca. La mayor parte posee hatos que no llegan a 300 ovejas, frecuentemente no se sobrepasan las 200 cabezas por explotación, y son bastantes los casos en que no se alcanzan las 100. Hay algunos rebaños mayores, que reúnen entre 400 y 700 ovejas cada uno. Excluido el Valle de Valdelaguna, cuya importancia se acrece con la llegada anual de los trashumantes, los pueblos con más lanar son Vilviestre del Pinar, con 6.600 ovejas pertenecientes a veintiocho propietarios y Palacios de la Sierra, con 5.300, propiedad de veintidós pastores. Cerca de 4.000 tiene Vinuesa, y se rebasan las 3.000 en Hontoria del Pinar, Quintanar de la Sierra y Santa María de las Hoyas. Los otros pueblos reúnen acopios más reducidos.

        Tampoco la cabaña de vacuno, con unas 6.000 cabezas, se parece ni por su número ni por su composición a lo que fue característico en épocas pasadas. Antaño estaba constituida fundamentalmente por ganado de labor, dedicado como fuerza de tracción a la carretería, utilizado para el arrastre de troncos en el monte y asociado a la pequeña agricultura de la comarca. Hoy es casi exclusivamente ganado de renta, destinado a la producción de carne y de leche. Paralelamente se ha verificado un profundo cambio en su composición. Los duros y resistentes ejemplares de tipo serrano han dejado su lugar a otros de razas foráneas, la pardo alpina, frisona, charolesa y limusin, con las que se cruzan. Las vacas autóctonas se han visto reducidas a una participación muy minoritaria. Unas y otras pasan la mayor parte del año pastando libremente, como otrora los almajes, por los ondulados campos abertales de sus montes, en grupos en los que se integran las pertenecientes a diferentes propietarios, aunque también hay reses que, destinadas a ceba, se desarrollan en un régimen distinto, de mayor control, lo mismo que las de aptitud lechera, que son minoría.

        Predominan las pequeñas explotaciones, constituidas por muy pocos animales. La mayor parte de los ganaderos tienen menos de 20 cabezas, y entre éstos hay preponderancia de los que se sitúan por debajo de 10. En bastantes casos sólo tienen entre una y cuatro. Algunos propietarios poseen vacadas más crecidas, muy pocos por encima de las 50 unidades, constituyendo excepción los de más de 100. Las cabañas más importantes de vacuno son las de Canicosa de la Sierra, Covaleda, Hontoria del Pinar, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra y Vinuesa, que suman en conjunto unos 2.700 animales.

        El ganado equino, que se empleaba en algunos pueblos para la extracción de los troncos en el monte, y que en parte iba vinculado a la trashumancia de merino, así como el cabrío, que también era su acompañante habitual, han experimentado un importante descenso, hasta presentar un carácter residual y marginal el primero, siendo también de escasa importancia el cabrío, con unas 1.200 cabezas, la mayor parte en Burgos. Se distribuye en hatos muy pequeños, si bien hay cinco pastores que poseen cabradas de más de 100 unidades, sin que ninguna llegue a 200.

        Este panorama no constituye novedad absoluta por lo que respecta a la agricultura, pues se reproduce parcialmente un esquema común en siglos pasados, cuando el cultivo de la tierra, aunque fuera más importante que hoy, no dejaba de ser actividad marginal, practicada principalmente por las mujeres, mientras los hombres, ocupados en la dura brega de la carretería o en el pastoreo, estaban la mayor parte del año lejos de sus hogares. No sucede lo mismo con la ganadería, pues tanto la cabaña de ovino, para producción de lana, como la de vacuno, vinculado al oficio del transporte, en el que se habían especializado varios pueblos, tenían gran importancia. La decadencia progresiva de la carretería desde mediados del siglo XIX y la progresiva pérdida de entidad de la ganadería trashumante incidieron en un mayor interés relativo de la explotación forestal.

El carácter forestal de la economía.

        Desde principios de este siglo, el pinar se convirtió en columna vertebral de la economía de los pueblos pinariegos. La subida de los precios de la madera, impulsada por situaciones coyunturales nacionales e internacionales, hizo de la explotación forestal una fuente substanciosa de ingresos hasta la década de los setenta. La construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo en 1929 contribuyó a unas mayores posibilidades de comercialización. El descenso relativo experimentado en su valor en fechas recientes no se ha traducido en una paralela pérdida de interés por el monte, pues también proporciona otras ganancias en forma de salarios por trabajos de silvicultura, aportando pastos para la ganadería, siendo soporte para la apicultura, y, últimamente, con la superposición a los aprovechamientos tradicionales de otros nuevos, como la recolección de setas y el inicio, en algunos encinares, de la producción de trufas. Constituye, además, la base para un conjunto de pequeñas industrias cuya materia prima es la madera, al tiempo que se ha comenzado a dirigir la atención a la remuneración económica de que se puede hacer acreedor, tras una adecuada promoción, el rico patrimonio natural y paisajístico.

        La abundante producción de hongos y setas de estos montes ha pasado a ser desde los años ochenta fuente no desdeñable de ingresos económicos. Desde los centros de recogida, en Navaleno y Abejar, "hongos" (Boletus edulis) y níscalos (Lactarius deliciosus) y, en menor medida, otra docena de especies se dirigen hacia diferentes lugares de España, a varios países europeos y a Estados Unidos. A los recolectores autóctonos se han incorporado últimamente numerosos buscadores foráneos. Preocupa su afluencia excesiva no sólo por la merma que les origina en las ganancias obtenidas por la venta y transformación de estos frutos silvestres, lo que para bastantes familias constituye la base fundamental de sus rentas anuales, sino sobre todo por el temor al deterioro que tan masiva presencia de personas ajenas puede causar en el monte y en la preservación de la riqueza micológica.

        El pinar interviene también en la vida económica como origen de beneficios a través de los puestos de trabajo que posibilita en las serrerías y por los salarios percibidos por tareas de silvicultura. El 15 por 100 del valor que alcanzan los productos de la madera y de la leña en las subastas se ha venido reservando para incrementar el fondo destinado al pago de labores de conservación de las masas arbóreas. Dados los cambios experimentados en el tipo de contratación, antes directamente efectuada por ICONA, hoy realizada a través de empresas privadas, que se sirven de trabajadores forasteros, se deberá potenciar desde los municipios la constitución de sociedades de origen local orientadas a la prestación de este tipo de servicios.

        También en el pasado los bosques eran fuente de rentas a través de las diversas utilidades que proporcionaban. Aportaban artículos para su venta directa, madera y vigas, productos elaborados, que comprendían menaje doméstico y aperos agrícolas, así como teas y pez para calafatear los barcos que se armaban en los astilleros del Cantábrico. Ofrecían, además, la materia prima necesaria para la construcción de carretas, tarea en las que estaban especializados algunos lugares -Rabanera del Pinar, Palacios de la Sierra, Pinilla de los Barruecos, La Gallega-, con lo que se hacía posible la que durante siglos fue la actividad principal de varias de estas poblaciones, el transporte a larga distancia de productos voluminosos y pesados. Se basaba en una poderosa organización profesional, la Real Cabaña de Carreteros, integrada por los transportistas de Canicosa de la Sierra, Casarejos, Covaleda, Duruelo, Hontoria del Pinar y sus aldeas de Navas del Pinar y La Aldea del Pinar, Molinos de Duero, Navaleno, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra, San Leonardo, Vadillo y Vilviestre del Pinar, que llegaron a reunir cerca de 6.500 carretas y más de 17.000 bueyes a su servicio. Favorecida por los monarcas en atención a la consideración de su carácter estratégico y por su gran valor como soporte para la economía, la carretería recibió el estímulo de numerosas exenciones y privilegios. La abolición de sus prerrogativas, en 1834, juntamente con la sucesiva implantación y expansión de otros sistemas de transporte, marcó el comienzo de una etapa de paulatino deterioro de la actividad carreteril y, con ello, de pérdida de vitalidad económica y demográfica en la comarca.

        Aunque algunas de las ocupaciones y producciones enumeradas han desaparecido por completo, la explotación del pinar mantiene un valor fundamental y contribuye de manera significativa a las rentas de sus habitantes, hoy no tanto a través de la venta de los pinos como por los citados trabajos de silvicultura y de una primera transformación en las numerosas serrerías. Por ello la comarca se sigue definiendo principalmente por su carácter forestal, que implica, además, unas formas peculiares de reparto de los beneficios del monte entre los miembros de las comunidades rurales.

La propiedad comunal y los "pinos de privilegio" como base del aprovechamiento forestal.

        En la base de la organización de la producción forestal de la Tierra Pinariega aparece un esquema de la propiedad territorial dominado por el neto predominio de las tierras de titularidad concejil, sobre todo de carácter comunal. Los predios pertenecientes a los ayuntamientos ocupan el 80 por 100 de la superficie total. En algunos municipios los porcentajes son muy superiores. Una parte significativa de esas propiedades corresponde a sociedades integradas por varios pueblos. Algunas tienen carácter interprovincial. También se enclava en la comarca el Pinar Grande -12.010 has.-, poseído en comunidad por la ciudad de Soria y los pueblos de su tierra, lo mismo que los montes El Verdugal y Santa Inés-8.177 has-, situados en el confín oriental.

        Una parte considerable de las propiedades municipales se encuentra cubierta de robustas masas arboladas. El 73 por 100 de la superficie corresponde a espacio forestal, y el 61 por 100 es monte maderable. Predomina el pino silvestre (P. sylvestris) -en fase de expansión natural a costa de antiguos sembradíos, eriales y pastizales-, al que se suma en la parte meridional el pino negral (P. pinaster), y hay asimismo una pequeña participación de pino pudio (P. laricio), adaptado a los suelos calizos. A su lado, el enebro traslada a expresión visual, con su cromatismo de oscuro plomo verdoso y sus formas desgarradas en el aire impregnado con sus aromas fuertes, las variedades del roquedo. De madera antaño muy apreciada para la construcción, por su consistencia y resistencia y por su larga duración derivada de su cualidad de ser difícilmente atacable por los xilófagos, y utilizada también para mobiliario y para la marina, se encuentra ahora, tras cientos de años de fuerte castigo, en etapa de tan esplendorosa progresión que constituye un hermoso y lujurioso canto de la fuerza de la naturaleza, que, libre de perezas, se apresta con diligencia a rebrotar ante la más pequeña señal de tregua percibida en la presión humana. Lo más característico es, no obstante, tanto por la amplitud de su cobertera, dominadora del espacio y definidora del paisaje, como por su interés económico, la gran masa de coníferas, que desde antiguo se tradujo fielmente por la percepción popular a representación verbal con el nombre de Tierra Pinariega.

        Todos los años se acuerda la corta de un determinado número de árboles, que se agrupan en tantos lotes como vecinos con derecho a disfrute hay en cada pueblo. La costumbre de hacer repartos vecinales, gozne en torno al que se organiza el aprovechamiento forestal, se remonta a tiempos inmemoriales. Un serio contratiempo se produjo a partir de la promulgación por Fernando VI, en 1748, de la Ordenanza Real para la conservación de montes y nuevos plantíos. Concebida para fomento de los bosques de España, suscitó reacciones de protesta entre los vecindarios de los municipios pinariegos, que se veían privados de sus formas tradicionales de vida.

        De las dificultades iniciales derivaron, no obstante, consecuencias duraderamente favorables, pues los reyes concedieron exenciones y privilegios para que los pueblos carreteros burgaleses y sorianos pudieran seguir con los disfrutes tradicionales de sus bosques. Carlos IV concedió en 1792 a Canicosa de la Sierra, Palacios de la Sierra, Quintanar de la Sierra, Regumiel de la Sierra y Vilviestre del Pinar el Real Privilegio de que en cada uno de ellos se pudieran cortar anualmente 2.500 pinos -los "pinos de privilegio"- para reparto vecinal. Otros pueblos sorianos-San Leonardo, Arganza, Casarejos, Navaleno y Vadillo- habían obtenido autorizaciones similares algunos años antes, en 1760.

        El reconocimiento de lo que hasta entonces habían sido aprovechamientos habituales, mantenido hasta nuestros días, afianzó la relación con el monte, el amor alárbol, el celo por salvaguardar en toda su integridad el patrimonio forestal recibido de sus mayores. Este sentimiento generalizado de identificación con el bosque, que es coherente con los beneficios que desde hace varias generaciones les ha proporcionado a través de los repartos comunales, constituye la nota más destacada de las señas de identidad de las poblaciones de la Tierra Pinariega, que se han dirigido nuevamente a la Corona, en 1992, con ocasión de la celebración del 2o centenario de la concesión carolina, solicitando del Rey de España su apoyo para la adopción de nuevas disposiciones, adaptadas a las circunstancias presentes, en pro de la potenciación del monte como soporte para el desarrollo de la vida de las comunidades rurales con orientación forestal. También demandan de la Unión Europea la concesión de incentivos para el medro de esta actividad y la promulgación de un cuerpo legislativo tendente a la definición de una política forestal comunitaria.

        Junto a algunas cortas, excepcionales, de robles y hayas, y de algunos pies de J. thurifera -muy escasos, pues es especie protegida-, la explotación forestal se centra de manera primordial en los pinares. Los aprovechamientos son de dos tipos, ordinarios y extraordinarios.

        A los ordinarios, constituidos por pinos verdes, corresponden los antiguos "pinos de privilegio", en aquellos pueblos que tienen este derecho, así como otros que se pueden asignar a los municipios tanto por adjudicación directa como por subasta. El proceso de reparto se inicia con la identificación por los agentes forestales de los árboles que van a ser cortados mediante una marca y por la asignación de un número, operaciones que se completan con la realización de los cálculos precisos para determinar su cubicación. Seguidamente una comisión municipal procederá a agruparlos en tantos lotes como vecinos hay con derecho a reparto, procurando la mayor homogeneidad posible en relación con su volumen de madera. Por último, se adjudican mediante sorteo-de ahí que se les dé el nombre de "suerte"- a los beneficiarios, cada uno de los cuales dispone plenamente de la parte que le ha correspondido para su utilización y venta, que se hace bien de forma particular o bien asociándose con otros. En los municipios con orientación forestal iniciada más tardíamente se venden en bloque por las comisiones municipales encargadas de su administración, procediéndose después al reparto de su importe entre los vecinos.

        Destaca el afán conservacionista de que hacen gala los vecindarios de la Tierra Pinariega. Fieles a la tradición de sus antepasados, siguen concibiendo sus extensas y bien pobladas forestas no sólo como una fuente directa de rentas inmediatas, sino también, con mentalidad de ahorro y de manera muy especial, como precioso legado que hay que conservar para que sus hijos lo reciban sin detrimentos. La preservación hasta hoy de su denso patrimonio natural y paisajístico se vislumbra ahora como posible fuente de recursos turísticos y de beneficios ligados al ocio de las poblaciones urbanas si se llega a diseñar un sistema de gestión adecuada, que mantenga la compatibilidad tanto con los tradicionales aprovechamientos madereros como con los usos ganaderos.

        El volumen de extracciones ascendió en la campaña del año 1994 a 207.638 m3 de madera y 41.060 estéreos de leña. De ellos corresponden 146.062 m3 a los pinares sorianos y 61.576 m3 a los burgaleses. Aunque se producen las lógicas variaciones de un año a otro, no son muy significativas, pues los aprovechamientos están previamente determinados de acuerdo con una serie de planes establecidos a largo plazo, con turnos superiores a cien años, desglosables en otros decenales, y éstos, a su vez, divisibles en anuales.

        La cantidad de madera obtenida ha aumentado en fechas recientes en relación con lo que suponían las cortas tradicionales. Ha sido posible por un cambio en el modo de gestión y en el sistema de explotación, sin que ello suponga deterioro para los bosques, que, más robustos y organizados en función de sus períodos de máximo crecimiento, han mejorado su capacidad de producción. Nos encontramos ante un sistema de aprovechamiento de la naturaleza bien fundamentado, que, tras la aportación continuada durante siglos de un gran volumen de recursos renovables, se afirman como plasmación de la meta de una forma bien lograda de desarrollo sostenible.

        Los aprovechamientos ordinarios se complementan con los extraordinarios, formados por pinos que han de ser talados o arrancados por razones circunstanciales y por consiguiente no previstas en los planes generales. Frente a la regularidad de los primeros, cuyo volumen aproximado de extracciones se puede prever con antelación de años, las cortas de carácter extraordinario presentan una gran variedad interanual, al venir determinadas, en parte, por causas inesperadas, con una especial incidencia de las climáticas. Comprenden pinos secos, desarraigados, tronzados por el viento o por la nieve, atacados por parásitos, aunque también hay pinos verdes, como los procedentes de cortas por apertura de caminos, tendidos eléctricos o por otro tipo de acondicionamientos que se hacen en el monte, así como los eliminados por clareos. Sucede esto especialmente en aquellos lugares en los que tras la corta a matarrasa, dejandoárboles-padres, se prepara el suelo para una repoblación en tiempo breve mediante un laboreo superficial de la tierra. El nacimiento y crecimiento, que se realiza con gran rapidez de forma natural, produce una red muy tupida de pinochos, llegándose a densidades de 30.000 pies por hectárea. El elevado coste de los trabajos de entresaca y el mínimo valor del producto suscitan dudas acerca de la viabilidad futura de esta práctica silvícola. Tanto los árboles verdes como los pinos secos o desarraigados se enajenan mediante subasta.

        Hasta mediados de los años ochenta hubo otras utilidades, como la resinación de las masas de pino negral y pudio que se extienden sobre todo por la parte meridional de la comarca, aprovechando, el primero, las aptitudes de ciertos suelos calizos, y ocupando, ambos, sectores situados a menor altitud o en los que el pino silvestre no cuenta con las condiciones más idóneas para su desarrollo.

La doble reglamentación técnica y municipal de los montes.

        La explotación de los montes está minuciosamente reglamentada mediante un conjunto de normas emanadas de la administración forestal y de preceptos recogidos en ordenanzas municipales.

        Hasta hace no muchos años, la base del sistema forestal de la Tierra Pinariega estaba constituida por el número de árboles a que se tenía derecho en virtud del privilegio real, o por éste más las concesiones que se hacían por el Distrito Forestal de cierta cantidad de pies, entre los que las comisiones vecinales de cada municipio elegían los más corpulentos y valiosos. Actualmente viene determinada por el volumen de extracción, que se fija con criterios técnicos de acuerdo con las evaluaciones de la potencia y productividad de cada monte. A ello se añaden los árboles que, como acabamos de indicar en líneas anteriores, son abatidos por su carácter decrépito y para mejora de la masa forestal.

        Los pinares de la Tierra Pinariega están sometidos a proyectos de ordenación desde los años cincuenta. Las operaciones emprendidas con carácter previo por los Ingenieros de Montes de las Jefaturas de Soria y de Burgos comenzaron, no obstante, mucho antes, a principios de este siglo, primero en los pinares sorianos -la ordenación del Pinar Grande se inició en 1907- y después en los de Burgos.

        La actual oferta de pastos, en terrenos comunales y en los montes gestionados por la Sección de Medio Natural de la Junta de Castilla y León supera a la demanda. Se toma como base para hacer el cálculo del ganado que puede pastar el consumo teórico de hierba estimado por animal, tomando como referencia para hacer la evaluación el número de ovejas, extrapolable al cabrío y al vacuno, computándose la cabeza caprina como dos de lanar y la de vacuno como cinco.

        El turno adoptado en estos pinares se ha establecido en torno a los 120-140 años. Con esa referencia, se divide el monte en cuarteles, yéstos en rodales, que permiten escalonar a lo largo de ese período las cortas de aprovechamientos ordinarios. En el proceso de ordenación, que, dado el tiempo transcurrido desde su implantación, no está totalmente concluso, se comienza con cortas por clareos sucesivos -fase en la que actualmente se encuentra buena parte de los montes-, antes de llegar a las cortas a matarrasa, consideradas como método más eficiente, aunque, a veces, causan recelo entre los vecinos.

        En cada pueblo hay una Ordenanza para el reparto de los aprovechamientos forestales. Se pueden señalar como condiciones de carácter general, que se repiten con algunas pequeñas diferencias, la de ser vecino del lugar, haber nacido en él y ser descendiente de padres y abuelos que ya hubieran tenido este derecho, aunque en algunos casos se puede adquirir por otros medios. Es preciso haber cumplido los veinticinco años para empezar a participar en los repartos. Sólo los casados tienen derecho a suerte completa, dándose a los solteros media. También se reconoce a los viudos que lo hayan adquirido por casamiento, mientras no contraigan segundas nupcias, y a los huérfanos, que conservan el que tenían sus padres. Hay que vivir permanentemente en el pueblo. En algunos sitios se exige la firma en un libro depositado en el ayuntamiento para acreditar la residencia efectiva. Se pierde el disfrute por ausencias largas, aunque se puede recuperar. Generalmente se requiere una presencia mínima continuada de ocho o nueve meses.

        La administración de estos bienes de titularidad municipal no la hacen directamente los ayuntamientos, sino unas comisiones vecinales constituidas para ello. Propiedad y disfrute de los montes aparecen, así, en cierto modo, disociados, con lo que se afirma su carácter de uso comunal y se evita su adscripción a la categoría de bienes de propios.

Las actividades industriales vinculadas a la explotación de los montes.

        Los aprovechamientos forestales propiciaron la aparición temprana de una industria maderera, que cuenta hoy con un centenar y medio establecimientos repartidos entre veintitrés pueblos. La mayor parte corresponde a serrerías, que, en número próximo a cien, se distribuyen entre veinte localidades. Son de pequeñas dimensiones, sin que alcancen generalmente a la decena de trabajadores. Se suele suspender o, al menos, ralentizar su actividad en los meses centrales del invierno, a causa de las dificultades provocadas por las bajas temperaturas para la manipulación de la madera, aunque hay aserraderos que funcionan de manera ininterrumpida todo el año. A pesar del predominio de fábricas de reducido tamaño, su elevado número determina que tengan una incidencia importante en la generación de empleo y en la economía comarcal. En algunos casos, dan ocupación casi exclusivamente a diferentes miembros de las familias propietarias. Otras, organizadas como cooperativas, funcionan con el trabajo que aportan los socios. Se recurre, sobre todo en ciertas épocas del año, a la contratación temporal de asalariados. No faltan instalaciones de más envergadura, en las que trabajan varias decenas de personas. Las mayores se sitúan en Quintanar de la Sierra, en Duruelo y en Covaleda.

        La capacidad de transformación de las serrerías establecidas en la Tierra pinariega es superior a la producción de sus pinares -algo más de 200.000 m3/año-. Por ello utilizan también un volumen creciente de madera procedente de otros lugares, principalmente de pino de Monterrey (P. radiata insignis) -cerca de 200.000 m3/año- del País Vasco. Es de peor calidad que la del pino Soria, pero igualmente válida para lo que es el destino de la mayor parte de la producción, tabla, tablilla y tablón, utilizados en la construcción, embalajes y plataformas para carga, "palets", aunque también se ha iniciado su empleo en fábricas de muebles.

        Hay otras empresas que realizan una segunda elaboración de la madera, como varias carpinterías y algunas fábricas de puertas y ventanas, molduras, marcos, parquet, muebles y juguetes -suman cerca de medio centenar de establecimientos-, constituidas algunas como cooperativas, sobre todo en Duruelo, adonde se mira desde otros pueblos como ejemplo digno de imitación. Junto a este modo de organización, destaca como fórmula predominante la sociedad de índole familiar. A partir de ambas se ha propiciado un tipo de empresa pequeña, adecuada a unas iniciativas individuales de carácter local y génesis endógena. No faltan, sin embargo, algunas más potentes y de naturaleza foránea.

        La factoría de mayores dimensiones, que ocupa a más de trescientas personas, es la fábrica Norma, de San Leonardo de YagŁe, dedicada a la construcción de puertas. En sus orígenes tiene una empresa cooperativa, creada en los años cuarenta, que desde 1953 concertó con la sociedad "Construcciones y Aplicaciones de Madera, S.A." la utilización de sus instalaciones. Su nacimiento, a partir de la capitalización para este objeto de una parte de los ingresos procedentes de los repartos comunales de pinos se ve algunos pueblos como modelo a seguir para impulsar el desarrollo de pequeños proyectos industriales. Se trataría de sustituir las ventas individuales de los pinos en pie por la constitución de un cártel para comercialización de la madera clasificada según las normas que se habrín de adoptar por la Unión Europea.

        Al servicio de la actividad forestal se ha desarrollado una importante flota de camiones, que recuerda aquella dedicación tradicional de los pueblos pinariegos a la carretería hasta muy avanzado el siglo XIX. Son necesarios para el traslado de los pinos desde los montes hasta las serrerías, cuyo funcionamiento más eficiente garantizan, además, con el aprovisionamiento de la materia prima que se trae desde otras regiones. Dan asimismo salida a los productos de la comarca.

        El aprovechamiento a través de la resinación de extensas masas de pino negral propició el desarrollo de una industria dedicada al tratamiento de la miera. Desde los primeros años de este siglo se instalaron destilerías en Arauzo de Miel, Cubilla, San Leonardo de YagŁe, Cabrejas del Pinar, Hontoria del Pinar. El descenso de los precios determinó desde comienzos de los años ochenta un deterioro progresivo de las operaciones de sangrado de los pinos para extracción de la resina, hasta llegar a su desaparición en esta comarca. Se mantiene la presencia de esta actividad en la fábrica de Hontoria del Pinar, laúnica que subsiste, aunque con ritmo ralentizado.

        Otros productos que proporciona el monte han incidido en el comienzo de una industria agroalimentaria, que, al tiempo que constituye novedad, se proyecta como opción de futuro. En Navaleno, la fábrica Arotz ocupa en el envasado y preparación de productos vegetales un contingente de operarios superior a la veintena de personas. Su número se incrementa en las épocas de mayor actividad, hasta alcanzar a 150 ó 200 trabajadores, fundamentalmente mujeres. Hay grandes diferencias interanuales, dependiendo de los resultados de la campaña de recolección de setas y níscalos. Manipula principalmente "hongos" (Boletus edulis) y níscalos (Lactarius deliciosus), pero también trufas (Tuber melanosporum) y otros productos vegetales, dedicando a la exportación la mayor parte de su producción. Su interés desde el punto de vista de los puestos de trabajo que genera es, sobre todo, indirecto, por los ingresos que proporciona a los recolectores. La existencia de una plantación de varios centenares de hectáreas de encina trufera, en Cabrejas del Pinar, a la que se han sumado posteriormente otras más pequeñas en este mismo municipio y en Abejar, favoreció el inicio de esta nueva orientación productiva, también con base forestal, que cuenta en esta última localidad con otra conservera -TOHERSA-, de carácter familiar y dimensiones más reducidas.

        A partir de la experiencia adquirida con las trufas, los objetivos se dirigen ahora a potenciar las producciones de hongos en los pinares. Los ensayos, que, a partir del Centro de Investigación de Valonsadero, se hacen por el INIA en parcelas de pinar dispersas en varios pueblos, pretenden implantar el micorrizo del B. edulis en las raíces del pino silvestre. Este proyecto suscita grandes expectativas, pues supondría un cambio cualitativo en lo que ha sido hasta hoy la explotación forestal.

        Otro aspecto de desarrollo de la actividad basada en el monte se orienta hacia la fabricación de productos nuevos en el sector maderero, que se agreguen a los tradicionales, poco variados y con escaso valor añadido, constituidos hasta ahora fundamentalmente por la primera preparación que se hace en las serrerías. A este objeto, desde la "Asociación de Silvicultores Comunales Urbión-Demanda" -ASCUD-, que agrupa a una veintena de municipios forestales de Burgos y Soria, se ha impulsado el estudio, que ejecuta desde 1992 el INIA, para determinar las características físico-mecánicas de la madera del pino Soria, con vistas a la normalización de tipos y a la adecuación de la producción a los requerimientos de los mercados actuales, de modo que se hagan susceptibles de nuevos usos. La "Asociación Pinares-El Valle" -ASOPIVA-, en la que se integran treinta ayuntamientos de las dos provincias, dirige sus esfuerzos a dinamizar la mentalidad empresarial tanto hacia la diversificación de actividades industriales, como, partiendo del gran valor ambiental y de la calidad paisajística de los frondosos espacios de la Tierra Pinariega, a la potenciación de las actividades de ocio.

Declive demográfico con renovación del poblamiento.

        La existencia de una relativamente amplia actividad industrial ligada al rico patrimonio forestal, así como los trabajos demandados a partir de unas prácticas silvícolas muy cuidadosas no han sido suficientes para retener a la población, que, lo mismo que en otros ámbitos rurales ha entrado en una etapa de declive a partir de los años sesenta. La crisis económica general se ha combinado en la Tierra Pinariega con los efectos de la coyuntura desfavorable de los precios de la madera.

        El éxodo rural que ha afectado a la comarca en los últimos treinta años ha desembocado en una importante pérdida de efectivos humanos, que han descendido desde los 30.667 habitantes -población de hecho- que sumaba en 1960 hasta los 19.054 que registra el Censo de 1991. A pesar de este vaciamiento efectuado por la emigración y de la subsiguiente crisis demográfica, ligada también a los cambios operados en las pautas reproductoras, de lo que es expresión la reducida densidad actual, 11'3 h/km2, la base poblacional ha mantenido mayor consistencia que en otras áreas rurales.

        Dado el neto predominio del carácter agrupado de la organización municipal -treinta y cuatro municipios y cincuenta y dos entidades de población-, el nivel de concentración de la población -560 habitantes por municipio y 370 por núcleo- supera a lo que es común en el espacio rural de ambas provincias. Los núcleos que ahora tienen mayores efectivos vivieron en la primera mitad del presente siglo una fase expansiva relativamente importante, relacionada con el creciente valor de la madera y con el desarrollo de algunas instalaciones industriales o talleres para su preparación. En los otros se produjo un proceso de pérdida de efectivos poblacionales. Con posterioridad se han producido cambios significativos en esas pautas. Desde 1960 casi todos los pueblos se deslizaron por la pendiente de retroceso demográfico. Desde 1960 hasta 1991 se produjo en la comarca una merma de 11.613 personas -el 38 por 100 del total de su población al comienzo del período- y de 3.260 personas -el 25 por 100- en el grupo de pueblos que hoy superan los 1.000 habitantes, que hasta 1960 vivieron una etapa especialmente expansiva, y que pasaron de 12.956 a 9.696 habitantes, siendo San Leonardo de YagŁe el único que ha seguido creciendo. En los últimos años el ritmo de pérdidas se ha ralentizado, pero sin frenarse totalmente, pasándose de 20.735 habitantes en 1981 a 9.054 de 1991, lo que supone un descenso del 8 por 100 en la década.

        Esta evolución reciente y diferenciada se ha acompañado por otra, que ha afectado al aspecto del poblamiento. A través de los cambios acaecidos en su caserío, que ha experimentado remodelaciones importantes, se ha producido una mutación notable en su fisonomía. Se puede señalar una etapa con nuevas construcciones hasta los años sesenta, simultánea al crecimiento de la población y a la buena coyuntura económica de los pueblos que fueron beneficiados por los elevados precios de la madera. A ella ha seguido otro período de renovación de las antiguas casas rurales o de construcción de otras de nueva planta. Así como las transformaciones del primer período se debieron fundamentalmente a la acción de los propios vecinos, las de los últimos años se vinculan, además de al deseo de los residentes habituales de hacer más confortables sus viviendas, a intereses foráneos, de génesis urbana, ya se trate de emigrantes que fueron abandonando sus lares desde hace unas decenas de años, ya de otras personas que acuden aquí en períodos de vacaciones. El fenómeno, que es común en todos nuestros espacios rurales, y no exclusivo de la Tierra Pinariega, tiene entre sus consecuencias la de una alteración importante del aspecto tradicional de su hermoso caserío mermado progresivamente por la ruina o sustituido por nuevas construcciones.

        Aunque los pueblos de la comarca pinariega no se han visto libres de los efectos de la crisis económica general, que ha sumado sus dificultades a las derivadas del descenso relativo del precio de la madera de los pinos, en una parte de ellos se ha resistido a la coyuntura negativa mejor que en otros lugares. Su potencial productivo parece, además, capaz para remontar su última etapa de recesión. No faltan en este momento diferentes iniciativas de génesis endógena, con las que se busca la dinamización a partir de la adopción de acciones potenciadoras tanto de las tradicionales industrias de las serrerías, que se deben complementar con las del mueble y aplicaciones innovadoras de la madera, como de otras dirigidas a la promoción de nuevas actividades agroalimentarias, fundamentadas ambas en la base forestal, prestando también atención al impulso de los recursos turísticos, acciones en las que se han centrado los programas Leader del CEDER Urbión.

        Desde asociaciones como ASCUD y ASOPIVA, en Quintanar de la Sierra y en Abejar, se indaga tanto en sus contornos próximos como en ejemplos más lejanos, de otros países de la Unión Europea, con vistas a afirmarse en una forma nueva de generación de recursos ligándose más directamente a los intereses urbanos y pensando en formas nuevas de producción en los espacios rurales, cada vez menos dependientes con carácter de exclusividad de las actividades agrícolas y pecuarias. Se parte de la idea de dar participación en la promoción y gestión del desarrollo rural a los agentes locales, haciéndolos sus principales protagonistas, con la confianza puesta en la bondad de las iniciativas surgidas de la trama social y de la base humana de cada lugar, siguiendo la tradición fuertemente implantada en la Tierra Pinariega de las pequeñas empresas familiares y cooperativas, con la vista puesta en crear mecanismos que fijen población y eviten el éxodo.





* * * * * * * *




B I B L I O G R A F Í A



"Carta Europea del Bosque Comunal", en Actualidad Forestal de Castilla y León. Suplemento de la Revista "El Campo", nos 127-130, enero-diciembre 1993, págs. 68-71.

ESCRIBANO ABAD, Santiago: "El papel del municipio en la protección de los recursos forestales: problemática de la propiedad forestal pública", en El Campo. Boletín de Información Agraria, no 120, junio 1991, págs. 98-101.

GARCÍA FERNÁNDEZ, Jesús: XXIV curso de trabajos de Campo. Memoria. Valladolid. 1992. 59 págs.

GARCÍA FERNÁNDEZ, Jesús: XXV curso de trabajos de Campo. Memoria. Valladolid. 1993. 80 págs.

GARCÍA FERNÁNDEZ, Jesús: XXVI curso de trabajos de Campo. Memoria. Valladolid. 1994. 72 págs.

GARCÍA TERRELL, Ana María: Salduero. Estudio de un municipio de los pinares sorianos del Alto Duero. Zaragoza. Departamento de Geografía Aplicada. Librería General. 1958. 127 págs.

GIL ABAD, Pedro: Quintanar de la Sierra. Un pueblo burgalés de la comarca de Pinares. Burgos. Diputación Provincial. 1980. 415 págs.

GIL ABAD, Pedro: Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros Burgos-Soria. Burgos. Diputación Provincial. 1983. 272 págs.

JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN: Mapa hidrológico de Castilla y León. Valladolid. Junta de Castilla y León. 1990.

KLEINPENNING, Johan Martin Gerard: La región pinariega. Estudio geográfico del Noroeste de Soria y Sudeste de Burgos (España). Groningen. 1961. 208 págs.

"La Ley de Espacios Naturales de Castilla y León. Una ley muy contestada por los afectados", en El Campo. Boletín de Información Agraria, no 120, junio 1991, págs. 102-110.

MERINO ESTRADA, Valentín: "Los aprovechamientos forestales comunales en la comarca pinariega de Burgos-Soria. Herencia histórica, raíz popular y cambio social", en Actualidad Forestal de Castilla y León. Suplemento de la Revista "El Campo", nos 127-130, enero-diciembre 1993, págs. 59-63.

ORTEGA VILLAZÁN, M™ Teresa: El clima del sector norte de la Cordillera Ibérica. Valladolid. Universidad de Valladolid. 1992. 359 págs.

Pinares-Valle. Publicación del Centro de Desarrollo Rural de Urbión. Abejar (Soria). ASOPIVA. Nos 1-3.

ROJAS BRIALES, Eduardo: "Propuesta de creación de una asociación de la propiedad forestal comunal y municipal en Castilla y León", en El Campo. Boletín de Información Agraria, no 120, junio 1991, págs. 102-110.

ROJAS BRIALES, Eduardo: "Propuesta de un sistema alternativo de gestión forestal empresarial para el bosque comunal de Quintanar de la Sierra", en Actualidad Forestal de Castilla y León. Suplemento del Boletín "El Campo", nos 121-122, julio-diciembre 1991, págs. 3-16.

El Urbión y la Demanda Forestal.órgano de difusión de ASCUD. Quintanar de la Sierra (Burgos). ASCUD. Nos 1-2, año 1995.



* Medio Ambiente en Castilla y León, 6, 1996, 22-35.   principio de página
  burgos   principio de página   cerrar página