BURGOS. POBLACIÓN Y POBLAMIENTO, UNA DINÁMICA DE CAMBIO. *






José Luis MORENO PEÑA


        Burgos contaba en 1991 con unos efectivos de población de 352.772 habitantes -360.071 en 1994-, no muy distintos de los que tenía en la primera década del siglo. Su reparto espacial y su valor con respecto al conjunto de la población española tienen, en cambio, un significado muy diferente. Ha variado sustancialmente su distribución en el territorio provincial y ha disminuído de manera considerable su peso en relación con el conjunto nacional. Esos cambios se correlacionan, además, con modificaciones también importantes en la composición interna de los efectivos demográficos.

        Unidos a las transformaciones cuantitativas y cualitativas, a la variación de contingentes y a su estructura, se han producido asimismo cambios en el poblamiento. Manifestados en el auge que han adquirido las mayores concentraciones de población, fundamentalmente la capital provincial, la ciudad de Miranda de Ebro y la villa de Aranda de Duero, y en el paralelo declive de los núcleos rurales, principalmente los más pequeños, pero incluídas también las cabeceras tradicionales de comarca, apuntan a la configuración de un nuevo tipo de poblamiento, sumándose así una etapa más a las que a lo largo de la historia han tenido como signo dominante la pérdida de población de núcleos rurales, su conversión en despoblados y por último su desaparición física, que hoy alterna, en otros casos, con la sustitución de sus tradicionales funciones productivas agropecuarias por otras de recreo y residencial de carácter temporal, fundamentalmente de veraneo y fines de semana.

        Estas variaciones no tienen origen en causas de carácter singular. Se inscriben, por el contrario, en los signos de una dinámica general, que afecta a todo el territorio nacional, en la que intervienen tanto nuevas pautas en los comportamientos demográficos como movimientos de carácter espacial, migratorios, vinculados unos y otros a factores socioeconómicos.

LA PÉRDIDA DE PESO ESPECÍFICO DE LA POBLACIÓN BURGALESA.

        Grandes han sido las transformaciones que ha experimentado a lo largo del presente siglo la población española. Los factores desencadenantes del proceso han sido diversos en el tiempo y diferentes también sus manifestaciones en las distintas regiones así como sus efectos en la estructura interna y en la dinámica demográfica de cada una de ellas. Se trata de variaciones producidas tanto por razones dinámicas como estructurales. Están íntimamente ligadas a un flujo continuado a lo largo del siglo XX, que ha recibido el nombre de éxodo rural, pero que, dadas las motivaciones y considerando sus dimensiones, sobre todo desde la década de los años cincuenta, en Burgos se podría denominar como vaciamiento.

        Ha afectado a toda la región castellano-leonesa, que, extendiéndose por el 18'6 por 100 de la superficie de España, tenía en 1900 una población equivalente a algo más del 12 por 100 del total nacional, para verse reducida actualmente al 6'4 por 100. En ese contexto, y para las mismas fechas, la población de Burgos, cuyo territorio es el 2'8 por 100 de la superficie nacional, ha pasado de representar el 1'8 por 100 a quedar reducida al 0'9 por 100 de la población española.

        Esta proporción enmascara, además, las verdaderas dimensiones del proceso porque encubre con el crecimiento que han experimentado la capital provincial y los núcleos urbanos de Miranda de Ebro y Aranda de Duero la depauperación, hasta llegar a la insignificancia, de los efectivos demográficos de la mayor parte de los ámbitos rurales. El fenómeno de pérdida de población no afecta solamente a los espacios montañosos, sino que es algo común también a los extensos sectores de llanura de la cuenca sedimentaria. Hoy existen amplias áreas en las que ya no se llega a los 10 habitantes por km2 y en algunas no se alcanzan ya ni los 5, como en las Loras, con 3'1, en las parameras de Sedano, con 3, en la tierra de Lara, con 3'2, pudiéndose señalar valores similares en otros lugares.



BURGOS. DENSIDAD DE POBLACIÓN. ANTIGUOS PARTIDOS JUDICIALES. 1860-1991.
    1860190019501960197019811991
ARANDA DE DUERO28'431'937'237'335'539'138'5
BELORADO27'926'124'722'316'7 12'310'6
BRIVIESCA27'3 23'122'419'8614'612'111'5
BURGOS35'036'153'661'3775'4 91'695'4
CASTROJERIZ23'3 25'123'922'515'511'710'2
LERMA16'718'018'717'613'2 10'48'7
MIRANDA DE EBRO29'129'648'663'970'873'470'7
ROA31'534'435'831'123'7 17'414'2
SALAS DE LOS INFANTES15'816'717'7 17'012'710'18'7
SEDANO17'4 17'512'36'8 3'73'0
VILLADIEGO14'9 20'316'915'410'16'04'8
VILLARCAYO21'724'220'717'313'0 11'510'7
PROVINCIA23'523'627'227'125'225'424'7



        La situación se ve agravada por el envejecimiento de la población rural y por el acusado desequilibrio en su composición por sexos y edades, que se ha producido en relación con motivaciones migratorias diferenciadas para hombres y mujeres, y que tiene entre sus efectos la elevación del índice de soltería entre la población masculina de los espacios rurales, por el rechazo femenino a permanecer en los pueblos ocupándose en las actividades agrícolas y ganaderas.

LIGERO INCREMENTO DE LA POBLACIÓN BURGALESA EN EL SIGLO XX.

        La evolución experimentada por la población de Burgos a lo largo del presente siglo, hasta alcanzar los 360.071 habitantes de 1994, registra un ligero incremento, en términos absolutos, con respecto a los 337.132 con que contaba a mediados del siglo pasado, según el censo de 1860, y la que tenía a principios de la actual centuria, 344.242 habitantes en 1900.



POBLACIÓN DE BURGOS. POBLACIÓN DE DERECHO. 1900-1994
CENSO POBLACIÓNCRECIMIENTO
1900344.242 base=100%
1910351.7597.517102'22'2
1920346.399-5.360100'6-1'5
1930360.61314.214104'74'1
1940378.67218.059110'05'0
1950 390.05811.386113'33'0
1960388.115-1.943112'7-0'5
1970361.181-26.934104'9-6'9
1981363.5232.342105'60'6
1986359.242     
1991352.772-10.751102'5-2'9
1994360.071     
FUENTE: (1900-1960) I.N.E. Reseña Estadística de la provincia de Burgos. (1970, 1981 y 1991) I.N.E. Censo de la población de España. (1986) I.N.E.: Rectificación del padrón municipal de habitantes. 1986. (1992) I.N.E. Cifras del padrón municipal de habitantes de la provincia de Burgos. 1 de enero de 1994.



        Desde esa fecha hasta hoy el volumen -15.829 habitantes- y el porcentaje de su incremento -4'6 por 100-, mucho más bajo que el del conjunto nacional -el 106'4 por 100-, ha sido, además, irregular y sometido a períodos alternativos de crecimiento y de estancamiento, o incluso retroceso. El hecho también es característico de las restantes provincias castellanas, afectadas demográficamente de modo negativo por la falta de dinamizadores económicos y de otro tipo de estímulos capaces de fijar su población. Los inconvenientes de esta trayectoria tienen nueva proyección ahora, cuando los contingentes poblacionales han perdido importancia relativa con respecto al conjunto nacional, en la cuestión de su planteamiento como posible elemento de referencia para la asignación de recursos, así como de baremo para el reparto de cuotas de poder y de influencia política.

        El lento crecimiento experimentado en la primera década del siglo se vio cortado, y así queda manifestado en los valores que limitan el período intercensal 1910-1920, por los efectos de la mortalidad catastrófica de la "gripe", en 1918, una vez superada la cual se vuelve al ritmo de incremento pequeño, pero sostenido, hasta la década de los cincuenta. Se produjo entonces una intensificación en el tradicional y característico movimiento emigratorio, que, adquiriendo de pronto grandes dimensiones, dio lugar a una pérdida tan importante de efectivos durante dos décadas, que no pudo ser compensada por el excedente de nacimientos. Han sido los flujos centrífugos de ese éxodo rural de los años cincuenta y sesenta, desencadenado en relación con las transformaciones económicas operadas en España, y que se aceleraron a partir del plan de estabilización de 1959, así como los nuevos planteamientos y métodos aplicados a la explotación agrícola, los principales responsables de las características de depauperación demográfica, por sus volúmenes y por su estructura, de la mayor parte del espacio provincial.

        A lo largo del proceso, paralelo a la etapa de industrialización y desarrollo económico de los años sesenta, las provincias interiores y netamente agrícolas, como Burgos, sufrieron fuertes reducciones de población, parte de la cual se asentó en las más industrializadas, que vieron crecer de modo notable sus efectivos demográficos. Así, mientras el conjunto de la población española crecía en este período un 20 por 100, la de Burgos perdía entre esos años de 1950 y 1970 unos volúmenes casi iguales a lo que había supuesto el incremento de la primera mitad del siglo, lo que representó un retroceso real próximo al 10 por 100 en dos décadas, superior a lo que se deduce de la evolución de la población de derecho de la provincia.

        La emigración que tuvo lugar en ese período introdujo un signo de cambio en las tendencias de crecimiento demográfico sostenido que había caracterizado a Burgos a lo largo de los primeros cincuenta años del siglo, a pesar de un flujo migratorio que había sido continuado durante todo ese tiempo, y con especial incidencia en algunos momentos. La evolución experimentada en los dos períodos intercensales de 1950 a 1970 determinó que Burgos pasase de 390.058 habitantes a 361.181 -considerando la población de hecho, de 397.040 a 358.075-, indicando esta última cifra la gran intensidad alcanzada por el éxodo rural en los extensos espacios agrícolas provinciales, sin que la atracción ejercida por los puestos de trabajo generados en la capital por el Polo de promoción industrial y de desarrollo y en Aranda de Duero por el de descongestión industrial pudiera paliar la salida masiva de antiguos campesinos.

        El fenómeno no es importante solamente por lo que supuso como pérdida directa de efectivos, sino que ha tenido trascendencia por las distorsiones introducidas en la estructura de la población por sexos y edades, con lo que ha ejercido y seguirá ejerciendo influencia posterior en los valores del crecimiento natural.



BURGOS. POBLACIÓN DE LA PROVINCIA
POBLACIÓN DE HECHO. 1940.

EDAD

V

M

TOTAL

  0-4 8.701 17.823 36.524
  5-9 22.038 21.708 43.746
10-14 21.366 21.039 42.405
15-19 19.563 19.443 39.006
20-24 16.572 14.092 30.664
25-29 13.944 13.507 27.451
30-34 13.963 12.531 26.494
35-39 12.531 11.463 23.994
40-44 10.483 10.257 20.740
45-49 9.260 9.489 18.749
50-54 8.244 8.112 16.356
55-59 7.737 7.667 15.404
60-64 6.663 6.715 13.378
65-69 4.759 5.166 9.925
70-74 3.377 3.393 6.770
75-79 2.065 2.310 4.375
80-84 836 1.019 1.855
85-89 207 395 602
90-94 43 75 118
95-99 12 9 21
100 y más  3 3
TOTAL 192.364 186.216 378.580
POBLACIÓN DE DERECHO. 1986

EDAD

V

M

TOTAL

  0-4 9.280 8.805 18.085
  5-9 12.490 11.807 24.297
10-14 13.971 13.252 27.223
15-19 14.478 13.798 28.276
20-24 15.360 14.447 29.807
25-29 14.894 13.251 28.145
30-34 13.159 10.942 24.101
35-39 12.212 10.446 22.658
40-44 10.780 9.552 20.332
45-49 9.104 8.797 17.901
50-54 11.095 11.028 22.123
55-59 11.201 11.723 22.924
60-64 10.517 11.005 21.522
65-69 7.364 8.637 16.001
70-74 6.067 7.879 13.946
75-79 4.853 6.488 11.341
80-84 2.767 4.125 6.892
85-89 918 1.801 2.719
90-94 237 552 789
95-99 42 99 141
100 y más 7 12 19
TOTAL 180.796 178.446 359.242
FUENTE: I.N.E.: Censo de la población de España. 1940;   I.N.E.: Rectificación del Padrón Municipal de habitantes. 1986.



        Los resultados del censo de población de 1981 parecían indicar que se había entrado en una nueva dinámica, pues los 363.523 habitantes que consignaba para la provincia introducían un indicativo de inicio de una tímida tendencia de recuperación demográfica, si bien los 2.342 efectivos -5.407 si se contabiliza la población de hecho- que se sumaban a los existentes una década antes sólo equivalían a un crecimiento del 0'6 por 100 en el período intercensal. Pero los datos proporcionados por el censo de 1991 han vuelto a constatar el mantenimiento de una tendencia de pérdida de efectivos demográficos equivalente a casi un 3 por 100 en el último período intercensal, si bien desde esa fecha hasta 1994 se produce un incremento de 7.299.

        Coincidente en el tiempo con el descenso de la fecundidad generalizado en España, y paralelamente de las tasas de natalidad, el pasajero cambio de signo en el balance demográfico en el período 1970-1981 guardaba relación con la detención del flujo emigratorio, motivado tanto por la crisis económica suscitada, en el contexto de la guerra árabe-israelí de 1973, a partir del súbito incremento de los precios del petróleo, como con el agotamiento poblacional alcanzado por la anterior y continuada extracción de efectivos y pérdida de dinamismo demográfico en los espacios rurales, incapaces ya físicamente de proporcionar nuevos emigrantes. Así, a partir de ese momento, el responsable del estancamiento de la población será consecuencia no sólo de los cambios producidos en los hábitos demográficos y de la adopción de prácticas de tipo maltusiano, anteriormente casi desconocidas, sino que también es efecto directo del propio éxodo rural de las dos décadas anteriores, que ha afectado a la población en el doble sentido, ya señalado, de envejecimiento y de distorsión de su estructura por sexos. Ambos hechos han repercutido en una pérdida de vitalidad demográfica y han limitado seriamente su capacidad de reproducción, por lo que hoy los efectivos rurales ya no serían capaces de garantizar el reemplazo generacional, aun cuando cambiasen las pautas reproductoras.

        Esta situación de pérdida de vitalidad demográfica, que es aplicable al conjunto provincial, tiene entre las manifestaciones de su evolución más reciente junto al declive de la natalidad un ascenso de la mortalidad, vinculada al progresivo envejecimiento, que se traduce desde 1989 en un número de defunciones que supera, con una diferencia anual creciente, a los nacimientos.

        La debilidad demográfica no se corresponde, en cambio, con otros tipos de atonía. El espacio rural, que ha perdido vigor demográfico, no ha visto disminuído su dinamismo económico. La pérdida de población no ha conducido a una desertización y ello es así, además, porque las potencialidades ecológicas tampoco se han visto afectadas y por consiguiente la capacidad biológica del espacio rural no ha experimentado menoscabo. La población que ha permanecido en los pueblos, sabiendo aprovechar las posibilidades ofrecidas por el territorio, y adaptándose a las nuevas circunstancias, lo ha mantenido con su presencia continuada dentro del ámbito de su acción. Solamente algunas tierras con carácter marginal han salido del proceso de producción. La mayor parte del espacio agrícola ha seguido en explotación, y se produce, incluso, resistencia a las presiones procedentes de la Comunidad Europea para el abandono de tierras cultivadas, y no sólo esto, sino que localmente hasta han progresado los terrazgos con nuevas roturaciones, de modo que la huella humana se muestra por doquier de manera generalizada y muy intensa, lo que contradice cualquier estampa de desertización. El descenso de la población que habita los núcleos rurales y la disminución del número de agricultores no ha supuesto un retroceso paralelo de su huella en el espacio, con la excepción de algunos sectores boscosos en las áreas montañosas y en sus márgenes, pero en tales montes o eriales la actuación del hombre sobre el espacio tampoco en el pasado tuvo carácter de cambio cualitativo.

UN POBLAMIENTO BAJO LOS DESIGNIOS DE LA DINÁMICA DE CAMBIO DE LA POBLACIÓN.

        El poblamiento concentrado caracteriza a toda la provincia de Burgos, con excepción de un sector, muy reducido por su superficie, situado en la vertiente septentrional de la depresión de Espinosa de los Monteros, donde la economía ganadera basada en la posesión de un pequeño número de cabezas de vacuno, propia del Valle del Pas, tiene ligera proyección hacia el sur. Con ella se prolonga también el característico poblamiento disperso pasiego, basado en un escalonamiento de cabañas a lo largo de las laderas, ocupadas intermitentemente según las épocas del año. Esta población diseminada ascendía, según los datos del último nomenclátor, correspondiente al Censo de población de 1991, a 436 habitantes para una población de hecho de 2.402 -706 habitantes para un total de 2.774, en 1981-, es decir, una quinta parte, en el municipio de Espinosa de los Monteros.

        En el resto del territorio burgalés el predominio neto del poblamiento concentrado no deja lugar para la dispersión, que es inapreciable y se limita a un mínimo poblamiento intercalar constituído por un pequeño número de granjas y centros de la explotación de algunas grandes fincas, que, además de ser pocas, alojan como lugar de residencia permanente a un número de personas cada vez más reducido.

        El poblamiento no es, sin embargo, uniforme. Varía por el tamaño de los asentamientos, por su categoría administrativa y por la estructura y morfología de los pueblos. En relación con estos elementos se pueden establecer diferencias entre unas y otras áreas.

        Destaca el pequeño tamaño de los asentamientos humanos en todo el ámbito provincial. Los más de mil pueblos con que cuenta la provincia son tan reducidos en superficie como escasos en población. En ciento ochenta y nueve núcleos la población de hecho no sobrepasa, según el Censo de 1991, los 10 habitantes. Hay cuatrocientos ochenta y seis con poblaciones comprendidas entre 11 y 50. Doscientos veintiocho núcleos tienen volúmenes situados entre 51 y 100 habitantes. Con más de 100 pero sin sobrepasar los 500 hay doscientos treinta y dos. Sólo dieciocho sobrepasan los 1.000, y de éstos únicamente cuatro tienen más de 5.000, encontrándose entre ellos los tres que superan los 25.000, Burgos, con una población de hecho de 169.111 habitantes, el 48 por 100 del total de la provincia, Aranda de Duero, con 29.446, y Miranda de Ebro, con 37.197. Sin incluir estos tres centros urbanos, la población residente en núcleos de más de 1.000 habitantes suponía, con unos efectivos de 32.361 habitantes, el 9 por 100 del total provincial, que se elevaría al 75 por 100 contando todos, de acuerdo con los mismos datos referidos a la población de hecho según el censo de 1991. La evolución a partir de esa fecha ha sido de continuo deterioro de los pueblos, de modo que la realidad de su exigüidad demográfica es en este momento aun más acentuada.

        El pasado histórico nos ofrece un panorama similar en relación con el carácter de predominio de pueblos de pequeñas dimensiones, con escasos efectivos poblacionales y situados a distancias muy próximas entre sí, aunque el volumen de sus habitantes, aun dentro de los límites de unos valores reducidos, era bastante mayor que en la actualidad, de modo que se pueden considerar para casi todos los núcleos del conjunto provincial como válidos coeficientes multiplicadores de sus vecindarios por tres o cuatro, y en bastantes ocasiones incluso más, en fechas inmediatamente anteriores a los años sesenta.

        La emigración intensa acaecida a lo largo de esa década y hasta finales de la siguiente, actuando sobre unos contingentes ya inicialmente reducidos, ha conducido a la mayoría de ellos a una categoría próxima a la de insignificancia por su valor cuantitativo. Sólo en uno de estos núcleos de pequeño tamaño ha crecido en fechas recientes, y de manera evidente, la población, en Castrillo del Val, que pasó de los 401 que tenía en 1960 a los 2.623 que figuran en el censo de 1981 -1.526 en 1991-, pero su evolución tiene una significación equívoca, porque se debe a la presencia del elevado aflujo de población flotante a los acuartelamientos establecidos en su término por traslado desde la ciudad de Burgos. Hoy habrá que sumar a ello los nuevos habitantes de las urbanizaciones que han proliferado posteriormente en este municipio próximo a la capital provincial.

        En los demás casos los efectivos demográficos han retrocedido, incluídos los lugares que han desempeñado tradicionalmente el papel de cabeceras de comarca, como Castrojeriz, Villadiego, Salas de los Infantes, Quintanar de la Sierra, Belorado, Pradoluengo, Roa... Ni siquiera en el caso de algunos animados recientemente, y de modo transitorio, por un cierto dinamismo, que no es hoy habitual en este tipo de núcleos, como Melgar de Fernamental, su población ha crecido significativamente y es, incluso, inferior a la de períodos no muy alejados en el tiempo, ya que frente a los actuales 2.215 habitantes del año 1994, contaba, por ejemplo, con 2.423 según el censo de 1860, y 3.348 un siglo después, en 1960. Una vitalidad algo mayor muestran algunas poblaciones bien situadas en relación con la red de comunicaciones, como Lerma o Briviesca, pero sin que haya tenido repercusión en la primera no ya en el incremento sino ni siquiera en la fijación de su población en los niveles que tenía a principios de los sesenta, mientras se ha evolucionado en el caso de Briviesca desde los 3.779 de 1960 hasta los 5.937 que alcanza en 1994.

        Solamente los núcleos netamente urbanos, Burgos, Miranda de Ebro y Aranda de Duero, han crecido de forma significativa desde principios y mediados del presente siglo. Burgos, que contaba con 162.251 habitantes como población de derecho en 1994, tenía 30.167 en 1901, 74.063 en 1950 y 156.449 en 1981. Aranda de Duero ha pasado de los 5.736 que tenía en 1900 a 10.393 en 1950, 27.598 en 1981 y 30.457 en 1994, evolucionando los efectivos de Miranda de Ebro desde 6.199 a 18.094, 36.812 y 36.874 en las mismas fechas. El desarrollo industrial y el establecimiento de la sede de diversas actividades empresariales, comerciales, bancarias y de servicios de la administración están en la base de su expansión.

        Atendiendo a la dimensión de los núcleos se puede establecer una diferenciación por su distribución en el espacio, de modo que aumenta su tamaño de norte a sur y de este a oeste, lo mismo que la distancia entre ellos.

UN POBLAMIENTO CONCENTRADO CON PECULIARIDADES.

        Se contraponen ciertas áreas de la provincia al resto por la estructura administrativa en que tradicionalmente se dispone el poblamiento. En el sector septentrional, en las "Montañas de Burgos", se articula sobre la base de municipios constituídos por numerosos pueblos, doce por término medio, superado en algunos casos, como en Valle de Mena, integrado por cincuenta y nueve. Se puede hablar por ello de un tipo de municipio diseminado, aunque el poblamiento sea concentrado. Fuera de este ámbito hay una mayor coincidencia entre municipio y una sola entidad de población, y cuando son varias su número es menor, aunque no siempre, como en el Condado de Treviño, que incluye cuarenta y ocho pueblos. El proceso de concentración de ayuntamientos, que ha llevado de 503 municipios en 1960 a los 371 de la actualidad, ha desembocado en una mayor presencia de los de carácter diseminado en espacios distintos de los tradicionalmente ocupados por este tipo de poblamiento, si bien no estaban totalmente ausentes en ellos. Sirva de ejemplo Villadiego, que, tras sucesivas agregaciones, engloba hoy treinta y dos pueblos.

        En relación con este hecho, que ya aparece así en la configuración decimonónica de la provincia, las anomalías toponomásticas son frecuentes. Hay bastantes casos en que el nombre del ayuntamiento no se corresponde con ninguna de las entidades de población que lo integran. Así sucede en Alfoz de Bricia, Alfoz de Quintanadueñas, Alfoz de Santa Gadea, Los Altos, Condado de Treviño, Junta de la Cerca, Junta de Oteo, Junta de Traslaloma, Junta de Villalba de Losa, Jurisdicción de Lara, Jurisdicción de San Zadornil, Merindad de Cuesta Urria, Merindad de Montija, Merindad de Río Ubierna, Merindad de Sotoscueva, Merindad de Valdeporres, Merindad de Valdivielso, Partido de la Sierra en Tobalina, Valle de las Navas, Valle de Losa (formado por refundición, con algunas modificaciones, de Junta de Río Losa y Junta de San Martín de Losa), Valle de Manzanedo, Valle de Mena, Valle de Oca, Valle de Santibáñez, Valle de Sedano, Valle de Tobalina, Valle de Valdebezana, Valle de Valdelaguna, Valle de Valdelucio, Valle de Zamanzas.

        Se trata, en algunos casos, de denominaciones con larga trayectoria histórica. Otras han surgido recientemente, como consecuencia del proceso de fusión municipal, acelerado entre 1960 y 1980, para reducir los costes de sostenimiento de una administración local escasamente funcional tras el drástico retroceso de efectivos demográficos. No se ha producido, en cambio, una paralela reducción del número de entidades, que perduran formalmente, aun cuando su población en algunos casos sea más ficticia que real, pero se mantienen dotadas de personalidad jurídica, conservando su aparato administrativo. Se trata, a veces, de satisfacer intereses particulares de personas que ni siquiera viven siempre allí, aunque puedan ostentar cargos de representación política. En otras ocasiones son un tributo al servicio de sentimentalismos que retrotraen con sus recuerdos hasta los días hermosamente recreados de la infancia. En los que se han despoblado totalmente, pronto el abandono y la fruición depredadora y destructora de desaprensivos aprovechados unen sus piquetas a la de la acción demoledora del tiempo.

        Hay, por último, otro aspecto, aparte de la distinta fisonomía relacionada con los materiales de construcción, que opone los pueblos de piedra de gran parte de la provincia, áreas montañosas y planitudes de los páramos, a los de barro amasado con paja de las campiñas, que es el que corresponde a la forma de agrupamiento de las edificaciones, que da lugar a dos tipos. En uno se distribuyen en forma exenta, rodeadas de espacios abiertos, de huertos o corrales. En el otro, las casas se disponen en agrupamientos más compactos, unidas en manzanas, formando calles. Se extiende esta última modalidad por la mayor parte de la provincia, por el extenso sector de las llanuras, mientras es característica la primera del área del norte de Burgos, donde recuerda paisajes de Cantabria y del País Vasco. Aparece también en la comarca montañosa de la Sierra, donde, unido a la presencia de las doradas y granates tonalidades de las areniscas del Buntsandstein el poblamiento ofrece un aspecto singular, que produce sensaciones de sabor a miel tanto por la cálida expresión visual de su cromatismo como por los aromas que impregnan el ambiente con los efluvios desprendidos desde los brezales, las genistas y los miles de flores que cubren sencillamente los campos circundantes. Parece corresponder a un tipo de ocupación antiguo, que en muchos lugares ha evolucionado hacia una estructura más tupida por yuxtaposición de pajares, tenadas, cuadras y nuevas viviendas a las primitivas construcciones hasta adquirir el aspecto de pueblos cuyo caserío se articula en calles con manzanas compactas.

        Se trata de peculiaridades que hoy frecuentemente no se tienen en cuenta en el proceso de intensa remodelación que afecta a los núcleos rurales, tanto por la edificación de naves para alojamiento de la maquinaria o ganado como por el acondicionamiento de antiguas casas o el levantamiento de otras de nueva planta lo mismo para vivienda de los agricultores que para segundas residencias de los emigrantes de antaño, o de sus hijos, última generación de pobladores recientemente incorporados al espacio rural burgalés, pero que, a diferencia de los de antaño, son sólo habitantes temporales y desprovistos, cada vez más, de los lazos afectivos que ligaban a sus padres con el solar, desde la cuna a la tumba, de sus antepasados.


* Historia 16 de Burgos. Burgos. Diario 16 de Burgos. 1993. 1.086 págs., cf. págs. 927-938.     principio de página
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