BURGOS. ELEMENTOS DEL COMPLEJO ECOLÓGICO PROVINCIAL *






José Luis MORENO PEÑA


        La diversidad geomorfológica del territorio burgalés es grande. Se suman llanuras y montañas, relieves fallados y plegados, planitudes perfectas de los páramos y pandas ondulaciones de las campiñas, amplios valles de pendientes tendidas y profundas y estrechas tajaduras por cuyo fondo discurren ríos de aguas clamorosas, hasta los que se precipitan entre espumas irisadas por la luz del sol cascadas intermitentemente descolgadas por los cantiles verticales de sus paredes, donde la erosión de las calizas ha esculpido fantásticas construcciones encastilladas con profusión de copetes almenados. A verdes sotos, que rodean con su umbría manantiales de aguas frescas en los calurosos asoleamientos del estío, corresponden, en otras partes, como en las parameras de Masa o Bricia, dilatados sequerales sin cursos superficiales de agua, porque la disolución ha trazado en el interior de las rocas una compleja red de cavidades y ríos subterráneos, que drenan rápidamente, a través de dolinas y sumideros, las aguas de lluvia tan pronto como se precipitan al suelo. Alternan aquí en grandes superficies valles secos, que han quedado colgados, y ya no son funcionales, con pedregosidades intransitables de variadas formas de lapiaces, algunos afilados como cuchillos. Contrastan vivamente con las suavidades y mayor frescor de los valles de otros lugares, donde ríos y arroyos se flanquean de choperas y saucedas.

        A esta variedad se unen otros elementos, como clima y suelos, para dar fuerza a un paisaje vegetal que recibe numerosos influjos, no sólo físicos, sino también del hombre.

UN ESPACIO ECOLÓGICO SOMETIDO A DIVERSAS INFLUENCIAS

        La diversidad litológica, la variedad de tipos y formas de relieve y las diferencias altitudinales influyen en las potencialidades que permiten el funcionamiento de los mecanismos de la vida. Junto a ello hay que considerar otro tipo de condicionantes, definidos por disponibilidades de humedad e integral térmica, que se han de mantener entre ciertos umbrales para la realización de los procesos de edafización que llevan de las rocas, estériles, a los suelos, que permiten el desarrollo de la cobertera vegetal. Pero los ecosistemas naturales han sido en gran manera alterados por la acción de una presencia humana larga en el tiempo e intensa en sus actuaciones sobre el medio a través de una agricultura tempranamente instalada. Los procesos históricos han desempeñado así papel no desdeñable en la configuración del paisaje vegetal actual, por lo que se han de tener en cuenta junto a las condiciones climáticas y edáficas.

UN CLIMA MEDITERRÁNEO CON MATICES PROPIOS

        El clima de nuestra provincia, que con frecuencia se ha definido como áspero y duro, no es, sin embargo, uniforme. Se ve matizado por influencias derivadas de su situación en una área interior y de tránsito entre la España mediterránea y la atlántica, por las incidencias del relieve y por los efectos de sus desniveles altitudinales. Rasgos de tipo mediterráneo o atlántico, notas de continentalidad o influencias de montaña introducen factores de diferenciación, de modo que se puede hacer distinción, a grandes rasgos, entre un tipo de clima mediterráneo continentalizado, característico del extenso espacio de las llanuras, otro de montaña, en los sectores de la Sierra, que se vinculan a la Cordillera Ibérica, y un tercero, que marca la transición del mediterráneo hacia el más húmedo y suave de la España atlántica, en la parte más septentrional.

Un tipo de clima mediterráneo frío en las llanuras.

        Las llanuras se ven dominadas por un clima mediterráneo frío. La elevada altitud media de estas tierras, escalonadas entre los 760 m. de las riberas y campiñas y los 900-1.020 m. de los niveles culminantes de los páramos, unido a la relativa lejanía del mar, de cuyas influencias suavizadoras les separa, además, el borde montañoso de la Cordillera Cantábrica, se suman para potenciar un efecto de continentalización. Tiene expresión en el acusado contraste entre un verano moderadamente cálido y un período invernal largo y frío. Su crudeza parece contradecir el calificativo de mediterráneo, al que deben corresponder inviernos suaves, pero justifica esa adscripción la omnipresente aridez estival, que se inscribe en el marco de un volumen de precipitaciones escaso en conjunto.



CUADRO 1. BURGOS. TEMPERATURAS MEDIAS MENSUALES (oC)
    E F M A M J J A S O N D AÑO
Aranda de Duero 3'5 4'6 7'2 9'7 13'2 17'5 20'5 19'9 16'8 12'0 6'9 3'6 11'3
Arija 2'3 3'4 6'4 8'3 10'8 14'4 16'6 16'6 15'1 10'6 6'2 3'6 9'6
Belorado 5'0 5'8 7'3 10'5 14'3 18'3 21'9 21'8 17'9 13'1 7'8 5'4 12'4
Briviesca 4'1 5'3 8'2 10'7 14'4 18'6 21'7 21'1 18'1 13'2 7'6 4'2 12'3
Burgos 2'8 4'1 6'8 8'9 12'3 16'0 19'1 18'9 16'3 11'4 6'4 3'5 10'6
Castrojeriz 2'7 4'2 6'1 8'5 13'1 17'1 20'6 10'8 17'3 12'1 6'1 3'0 11'0
Miranda de Ebro 4'3 5'8 8'3 10'6 13'8 17'2 20'1 20'0 17'4 12'6 7'4 4'8 11'9
Oña 3'6 4'9 7'7 10'4 13'1 16'8 19'3 19'3 16'5 12'0 7'3 4'9 11'3
Pantano de Ordunte 6'1 7'4 10'5 13'2 16'8 24'1 24'4 23'6 20'5 15'5 9'5 5'8 14'8
Quintanar de la Sierra 2'0 2'7 5'7 7'7 11'1 15'1 18'2 18'0 14'8 10'0 5'3 2'5 9'4
Retuerta 2'5 3'6 7'0 9'3 13'1 18'2 21'9 21'5 17'0 11'5 6'0 3'3 11'3
Sargentes de la Lora 2'3 3'3 6'1 8'4 12'1 16'1 19'3 18'8 15'8 11'0 5'8 2'6 10'1
La Vid 2'6 4'8 6'6 8'5 12'9 16'6 19'8 19'3 16'3 11'5 5'8 3'1 10'7
Villarcayo 4'9 6'1 9'1 11'7 15'3 19'6 21'7 22'1 19'0 14'1 8'4 4'8 13'1
FUENTE: Ministerio de Agricultura. Caracterización agroclimática de la provincia de Burgos



        La temperatura media se sitúa en torno a los 10-11o, pero esta cifra es equívoca, tanto porque hay variaciones notables entre unos y otros lugares como por el acusado contraste entre los meses más cálidos y los más fríos, según se ve en el Cuadro núm. 1. Quedan enmascaradas, además, otras diferencias aun mayores, pues se trata de valores de temperaturas medias mensuales. Las medias de las máximas y de las mínimas nos muestran, como se puede apreciar a partir del Cuadro núm. 2, el panorama de unas diferencias aun mayores, y mucho más si se consideran los valores de las máximas y mínimas absolutas registradas. Se trata, pues, de un clima sometido a fuertes contrastes térmicos.

        Lo mismo sucede con las precipitaciones, cuya escasa cuantía global cobra verdadero sentido cuando se analiza en el contexto de su irregular distribución, con máximos en primavera y otoño y un mínimo estival, correspondiente a una situación de predominio de altas presiones, que afectan a la Península Ibérica durante el verano, como se puede ver en el Cuadro núm. 3.

        Este régimen de precipitaciones tiene un gran significado ecológico, potenciado por coincidir el período de aridez con las temperaturas más elevadas. Son indudables las consecuencias de este hecho tanto para la vegetación natural como para los cultivos agrícolas, muy afectados, además, por la persistencia de heladas tardías, que se producen esporádicamente hasta muy avanzada la primavera, y por el retraso con que algunos años llegan las lluvias otoñales, lo que dificulta las labores de preparación de la tierra y de la siembra del cereal antes de la llegada del invierno, en el que alternan tipos de tiempo húmedo con otros secos y soleados, coincidentes con los máximos descensos de las temperaturas, algunas nevadas ocasionales, frecuentes nieblas de inversión térmica, que afectan, por ello, más a los valles que a los páramos, y heladas nocturnas.

        En resumen, el clima aparece, en general, como la alternancia entre un largo invierno, en cierto sentido con inicios o prolongaciones que pueden ir de octubre a mayo, y un verano corto y caluroso, con precipitaciones muy escasas desde julio hasta septiembre. Las estaciones intermedias quedan escasamente definidas, sobre todo la primavera.



CUADRO 2. BURGOS. TEMPERATURAS MEDIAS MÁXIMAS Y MÍNIMAS (oC)
    E F M A M J J A S O N D AÑO
Aranda de Duero 8'0
-1'0
10'1
-0'9
13'5
0'8
16'3
3'0
20'0
6'3
25'2
9'8
29'3
11'8
28'7
10'8
24'7
8'8
18'9
5'1
12'5
1'3
8'1
-0'9
18'0
4'6
Arija 6'2
-1'6
7'7
-0'9
11'4
1'5
13'6
3'1
16'6
5'1
20'2
6'6
23'1
10'2
23'2
10'0
21'1
9'1
15'9
5'4
10'6
1'8
7'3
0'2
14'8
4'3
Burgos 5'9
-0'3
7'9
0'4
11'5
2'0
14'0
3'8
17'8
6'7
22'2
9'8
25'9
12'2
25'6
12'3
22'3
10'4
16'1
6'7
10'0
2'8
6'4
0'5
15'5
5'6
Castrojeriz 6'3
-1'0
8'5
-0'1
12'0
0'2
14'9
2'1
19'6
6'6
24'6
9'5
29'2
12'0
29'2
12'4
24'9
9'8
17'9
6'3
10'6
1'6
6'5
-0'5
17'1
4'9
Miranda de Ebro 7'3
1'2
9'8
1'8
13'3
3'2
16'0
5'2
19'9
7'7
23'4
10'9
27'4
12'7
26'9
13'1
23'7
11'1
17'3
8'0
10'8
4'1
7'7
1'9
17'0
6'7
Oña 7'0
0'1
9'3
0'6
13'6
1'8
16'5
4'3
19'3
6'8
23'6
10'1
26'6
12'1
26'5
12'0
22'9
10'2
17'0
7'0
11'3
3'3
8'0
1'7
16'8
5'8
Retuerta 6'1
-1'1
7'5
-0'2
11'2
2'7
13'2
5'3
17'5
8'8
23'6
12'7
27'6
16'3
27'2
15'7
22'6
11'4
16'0
7'1
10'3
1'7
6'6
0'0
15'8
6'7
Quintanar de la Sierra 5'8
-1'7
7'6
-2'2
11'2
0'1
13'5
1'9
17'4
4'9
22'2
8'0
27'0
9'3
26'8
9'1
22'4
7'1
15'9
4'0
10'2
0'5
6'3
-1'3
15'6
3'3
La Vid 7'3
-2'2
9'8
-0'3
12'8
0'4
15'1
2'0
19'8
6'0
23'9
9'2
27'8
11'6
27'3
11'3
24'0
8'7
18'0
5'0
10'9
0'7
7'4
-1'1
17'1
4'3
FUENTE: Ministerio de Agricultura. Caracterización agroclimática de la provincia de Burgos.



        Estas generalizaciones necesitan de algunas precisiones, pues hay diferencias considerables interanuales, al mismo tiempo que de norte a sur y de oeste a este se produce una gradación en los valores termopluviométricos, de modo que aumenta el calor y la aridez en verano y disminuye el volumen anual de las precipitaciones cuanto más sur y oeste es la situación, y descienden los valores globales de las temperaturas a la vez que aumentan las precipitaciones y se atenúa la aridez estival hacia el norte y este.

Las influencias atlánticas del clima en el norte de Burgos.

        En la cuenca de Miranda y en el Condado de Treviño, altitud y situación introducen matices diferenciadores, lo que tiene expresión visual en unos paisajes más verdes. La humedad aumenta en el extremo más septentrional, en las "Montañas de Burgos", para la definición de cuyo clima, con influencias de la "España atlántica", el geógrafo J. Ortega Valcárcel acuñó la expresión de "ambivalencia climática".

        Las precipitaciones superan los 600 mm., sobrepasan con frecuencia los 800 mm. y llegan, en algunos sectores, a los 1.300 mm. Su distribución a lo largo de todos los meses, rebasando en los del verano los 30 mm., con lo que la aridez estival se atenúa, dota a la comarca de características propias de un espacio húmedo, aunque por su situación a sotavento de la montaña cantábrica hay un progresivo declive del volumen de lluvia hacia el sur. Hay que tener en cuenta, además, que la distribución de las precipitaciones de forma bastante regular a lo largo del año encubre la existencia de un déficit hídrico estival para la mayor parte del sector, pues los valores medios difuminan diferencias interanuales significativas.

        En cuanto a las temperaturas, se suceden veranos frescos, en los que no faltan intercalaciones de episodios de calor, con inviernos en los que el frío no está ausente y afectados con cierta frecuencia por situaciones con temperaturas mucho más bajas, "olas de frío". Hacia el suroeste, las elevadas y desoladas planitudes entrecortadas de las Loras marcan el tránsito pluviométrico hacia los ámbitos más secos de la cuenca sedimentaria a la vez que soportan unos inviernos más crudos.



CUADRO 3. BURGOS. PRECIPITACIÓN MENSUAL Y ANUAL (mm.)
    E F M A M J J A S O N D AÑO
Aranda de Duero 38'9 34'0 42'2 37'0 47'0 43'4 21'2 16'4 29'1 35'1 45'2 41'1 432'0
Arija 97'2 76'4 73'5 99'9 83'7 47'4 32'3 33'3 56'6 83'8 117'0 129'2 930'8
Belorado 46'5 43'5 45'1 63'1 74'5 55'5 30'9 30'3 38'4 39'6 56'1 52'7 577'0
Briviesca 48'0 47'0 47'3 56'8 66'8 56'0 32'1 32'6 36'4 39'7 37'7 44'5 545'3
Burgos 51'1 42'2 53'3 50'1 60'6 50'5 27'2 24'7 39'9 52'6 55'7 51'4 559'7
Castrojeriz 42'6 38'9 40'1 40'3 51'0 43'1 20'7 17'2 24'7 37'6 37'1 37'9 431'8
Miranda de Ebro 42'4 35'2 40'0 49'2 61'8 54'1 26'9 32'2 42'2 41'0 50'7 49'2 525'9
Oña 72'1 52'4 50'4 58'3 58'4 56'5 30'1 32'7 45'9 67'2 72'7 80'6 677'9
Pantano de Ordunte 171'1 137'1 104'2 124'1 104'2 70'0 41'3 52'3 88'6 135'4 166'6 193'0 1388'6
Quintanar de la Sierra 123'7 89'7 103'1 74'4 84'0 66'6 34'1 27'4 65'7 87'5 112'0 136'6 1005'5
Retuerta 65'6 52'0 62'0 51'6 68'1 56'7 24'3 25'8 39'7 55'8 63'3 65'6 631'0
Sargentes de la Lora 67'5 62'2 60'7 67'4 61'8 55'7 28'5 24'2 38'1 73'9 82'3 78'7 701'8
La Vid 50'2 45'9 42'5 49'0 53'1 45'8 22'3 21'4 40'7 46'7 55'2 52'1 525'6
Villarcayo 84'7 64'9 58'2 67'7 60'2 59'9 28'5 32'6 46'7 66'4 72'0 77'8 720'0
FUENTE: Ministerio de Agricultura. Caracterización agroclimática de la provincia de Burgos.



Los rasgos de clima de montaña de la "Sierra".

        El carácter montañoso del sureste de la provincia, su situación y la altitud, frecuentemente por encima de los 1.100 m. y superando los 2.000 m. en algunos lugares, influyen en la generación de unos inviernos largos y fríos, con fuertes heladas, a los que suceden veranos cortos, con temperaturas moderadas, cuyas máximas absolutas no suelen sobrepasar los 33o, situándose la máxima de las medias en torno a los 18o, en julio. Desde el punto de vista térmico no hay, prácticamente, primavera, pasándose sin transición desde las bajas temperaturas invernales al período de máximas veraniegas. El otoño presenta un régimen más suave, siendo octubre el único mes que no conoce temperaturas extremas. Las máximas tienen su valor más alto en la tercera decena de julio, existiendo una elevación en la segunda decena de mayo, antes de comenzar el verano, y otra tras terminar los calores estivales, en la segunda decena de septiembre. Hay otra subida de poca intensidad a primeros de noviembre, en el "veranillo de San Martín", común, por otra parte, a las restantes áreas de la provincia. Durante el invierno son frecuentes las heladas y las nieblas, precursoras de nevadas.

        El relieve destacado, que por su situación actúa como pantalla interceptora de los vientos húmedos procedentes del Cantábrico, se traduce en un aumento del volumen de las precipitaciones, que, a pesar de la situación interior, llegan a valores superiores a 1.000 mm. Las mayores aportaciones se reparten entre diciembre y enero, en buena medida en forma de nieve. Hay otro máximo primaveral, en mayo, y un mínimo en julio y agosto, meses en los que se producen tormentas de gran intensidad, por lo que la aridez estival se ve amortiguada, aunque sus efectos no desaparecen totalmente.

        Al descender de las altas tierras del núcleo de la "Sierra" hacia el reborde mesozoico del sur y oeste se pasa, progresiva y rápidamente, hacia las condiciones características de la cuenca sedimentaria, ya señaladas, con expresión en el paisaje vegetal, que evoluciona desde unos espacios casi exclusivamente cubiertos por el bosque, dominado por coníferas y en menor medida ocupado por robledales y hayedos, hacia otros en los que la agricultura adquiere progresivamente mayor importancia.

UNOS SUELOS RELACIONADOS CON EL ROQUEDO Y CON LA EVOLUCIÓN MORFOLÓGICA.

        El carácter del roquedo, variado, las condiciones climáticas y la influencia del relieve, en unión de la acción química y mecánica de la vegetación, en épocas pasadas con una composición y dispersión diferente de la actual, han sido determinantes de la distribución que en el conjunto provincial presentan los suelos, cuyas características han evolucionado, también, en parte, por la acción antrópica, como efecto de la implantación agrícola. Se diferencian, en grandes líneas, cuatro órdenes de suelos fundamentales, entisoles, inceptisoles, mollisoles y alfisoles, así como varias combinaciones entre ellos.

        Los entisoles corresponden a los suelos más recientes y menos evolucionados. En los sectores de inundación de los valles forman los fluvents, relativamente profundos, permeables y bien aireados, base para los principales regadíos de la provincia. En los sectores más inestables desde el punto de vista geomorfológico y sometidos a procesos de lavado por su pendiente, como en cerros y laderas, aparece el tipo de los orthents, pobres, poco profundos, frecuentemente con alcalinidad elevada, y cuyo uso más adecuado sería el forestal, por el carácter protector de las masas arbóreas.

        Los inceptisoles, suelos medianamente evolucionados, son los más representativos. Cuando se han desarrollado sobre materiales calizos muestran su carácter alcalino. Entre ellos se encuentran los ochrepts, distribuídos por posiciones morfológicas diversas y con predominio en las llanuras de la cuenca y en los sectores bajos de montaña. La idoneidad de usos guarda relación con su posición topográfica y con las condiciones del clima, variando desde los cultivos extensivos de cereal en las llanuras hasta la dedicación forestal y aprovechamiento pastoril en la parte septentrional.

        Los alfisoles, profundos, ligeramente ácidos y frecuentemente ricos en minerales, son los suelos más desarrollados, formados tanto a partir de materiales calizos como, principalmente, silíceos, y situados en aquellos sectores más estables morfológicamente.

        Los mollisoles, suelos húmedos de montaña, de transición entre pradera y bosque, ricos en materia orgánica, por lo que su coloración es oscura, tienen representación escasa, localizándose en la Demanda y en el norte.

Las varias combinaciones del tapiz vegetal.

        La combinación de los efectos de la aridez estival y de los fríos invernales condiciona, en el ámbito de las llanuras, la presencia de un bosque de tipo esclerófilo y de hoja perenne, en el que la encina (Quercus ilex), que aparece casi siempre en forma de carrasca, es el máximo representante. Hay restos de quejigo (Quercus faginea) y pinarillos aislados, de origen antrópico, en laderas y altozanos, que en el sur de la provincia se disponen en algunas manchas significativas de pino negral (Pinus pinaster), del que se aprovechaba la resina, lo que constituye otro aspecto de la masa forestal, y de pino piñonero ( Pinus pinea).

        En los fondos de los valles, junto a los cursos de agua y en los lugares más frescos, aparece una vegetación de ribera, que forma sotos, con chopos (Populus nigra), álamos (Populus alba), sauce (Salix alba, S. fragilis, S. neotricha) y, hasta hace poco, olmo (Ulmus minor). Su importancia paisajística e interés para la fauna son considerables. Hay frecuentes choperas de repoblación, que, cada vez en mayor medida, se hace con híbridos de chopo canadiense (Populus canadensis, P. robusta), principalmente), por su crecimiento más rápido.

        Afectadas por una larga ocupación humana del territorio y por una agricultura muy alteradora de las condiciones naturales, sobre todo en los momentos actuales, las formaciones vegetales, degradadas, han quedado reducidas, a veces, a algunos árboles aislados entre las tierras agrícolas y eriales, o a un humilde matorral, que, con plantas también adaptadas a la aridez, es el sucesor de los bosques de antaño. Entre sus integrantes aparecen la "estepa" (Cistus laurifolius), leguminosas como las aliagas (Genista scorpius), plantas aromáticas, como tomillo (Thimus mastichina, T. zygis), cantueso (Lavandula pedunculata), espliego (Lavandula latifolia) y menta (Mentha longifolia, M. suaveolens), entre las más significativas, y varias arbustivas, en las que destacan los endrinos (Prunus spinosa), majuelos (Crataegus monogyna), y rosáceas como el escaramojo o el rosal silvestre (Rosa canina, R. micrantha), situadas en los ribazos que separan las parcelas, cada vez más disminuídas por los sucesivos y repetitivos incendios practicados por los agricultores y por el acondicionamiento de los campos para que maniobre la maquinaria agrícola.

        En las áreas de montaña, al cambiar las condiciones naturales, varía también el paisaje vegetal. El relieve y, en ciertos lugares, las temperaturas imponen restricciones a la agricultura y así la vegetación natural, y dentro de ella la masa forestal, conserva mayor importancia.

        Las influencias atlánticas, manifestadas en el norte de la provincia, propician el tránsito a una vegetación más higrófila. En las elevadas superficies de las parameras situadas entre Cernégula y los Altos de Dobro, de suelos muy delgados, con la roca aflorando en superficie y con el inconveniente de intensos fríos invernales, el estrato arbóreo, que aparece en forma de tallares de carrasca, con manchas de pinos de corta edad, es de escasa consistencia. La degradación del bosque, que se debe no sólo a razones naturales, sino que es consecuencia de una larga intervención humana, ha dejado lugar a una rala vegetación, con plantas de pequeño tamaño y predominio de especies resistentes. Aparecen entre ellas la aliaga, el espliego, esqueno (Juniperus communis, J. communis ss. nana), gayuba (Arctostaphylos uva-ursis), helecho (Pteridium aquilinum), comunes a las Loras, como las carquexias (Genistella tridentata), y, eventualmente, como plantas de mayor porte, avellano (Corylus avellana) y mostajo (Sorbus aria).

        Al llegar a los Altos de Dobro aumenta la humedad, de modo que en Huidobro aparece el primero de los hayedos que se suceden desde aquí hasta el límite con Santander. Las quebraduras del relieve, por ser un obstáculo para la agricultura, han influído en la mayor diversidad del paisaje vegetal, frente a la simplicidad de las Loras, y en una mejor conservación de masas forestales, en las que destacan especies más higrófilas. Se multiplica la presencia del quejigo, aparecen robustos robledales y rebollares (Quercus pyrenaica) y se instalan los hayedos (Fagus sylvatica), que aprovechan el respaldo de las vertientes más umbrosas, sin que falten los tejos (Taxus baccata) y acebos (Ilex aquifolius). En otros sectores son las coníferas, sobre todo pino negral y pino silvestre, y algo de pino de Monterrey (Pinus radiata insignis) los que prestan sus coloraciones de verde oscuro al paisaje. En el cortejo de plantas arbustivas y matorral aparece una cohorte más numerosa y variada, con boj (Buxus sempervirens), madroño (Arbutus unedo), enebro, brezos (Calluna vulgaris, Erica vagans, E. cinerea), árgoma (Ulex europeus), aliaga, carquexia, helecho.

        La otra área montañosa, la de la Sierra, se caracteriza por el predominio forestal y por la gran extensión que alcanzan, desde lejanas épocas, las coníferas. Por ello un sector significativo de la misma lleva el nombre de "Tierra Pinariega", derivado de las grandes y vigorosas masas de pino silvestre (Pinus sylvestris) y, hacia el borde meridional, de pino negral (Pinus pinaster) y, en menor medida, pino pudio (Pinus Laricio). A ello se suman espesos robledales (Quercus pyrenaica), masas de quejigos, varios hayedos, pies aislados de mostajo (Sorbus aria) y de serbal (Sorbus aucuparia), y un rico estrato arbustivo y de matorral, con un variado conjunto, en el que destacan el acebo, de porte arbóreo, rosal silvestre, escaramojo, esqueno o enebro (Juniperus communis), endrino (Prunus spinosa), brezo común (Calluna vulgaris), biércol (Erica vagans), aliaga, helecho, retama y estepa, y diversos tomillos, junto a otras plantas de humilde porte, como fresas salvajes (Fragaria vesca), frambuesas (Rubus idaeus) y arándanos (Vaccinium myrtillus).

        En el reborde mesozoico se evoluciona hacia una mayor preponderancia de robledales o encinares, repartidos en montes pertenecientes a los ayuntamientos, titulares en toda la Sierra de una gran parte de la propiedad territorial. La sabina albar (Juniperus thurifera) da lugar a espléndidos y extensos montes, que se hallan en fase de expansión y de colonización de espacios hasta hace poco deforestados por su anterior uso agrícola. Como cortejo acompañante figuran los esquenos, muy abundantes, el enebro (Juniperus oxicedrus), localizado en sectores concretos, mostajo, avellano, majuelos y endrinos, rosales, escaramojos y zarzas, la aliaga, el brezo, la estepa y el cortejo de pequeñas plantas ya señalado en las llanuras.

UNA VEGETACIÓN FUERTEMENTE INFLUÍDA POR LA ACCIÓN ANTRÓPICA

        El tapiz vegetal es también herencia histórica, consecuencia de la acción humana. Roturaciones ligadas a una tradición agrícola secular, incendios para mejorar pastos y talas para aprovechamientos forestales de leña y madera y para carboneo han convertido extensos sectores de nuestra provincia, campiñas, páramos, valles y riberas, en paisajes vegetales plenamente humanizados. En las llanuras, las plantas cultivadas, con absoluto predominio de los cereales, han sustituído a los ecosistemas naturales como elemento predominante. Han desaparecido en gran medida las masas arboladas, reducidas a bosquetes aislados o pies dispersos. También arbustos y matorrales, al compás de una agricultura que actúa sobre unidades parcelarias cada vez mayores, retroceden al ser quemados o aplanados numerosos ribazos.

        Hay otra acción antrópica de signo contrapuesto, la que se realiza mediante la repoblación forestal, hoy principalmente a base de coníferas en los montes y de chopos en las riberas, pero que también tiene una vertiente secular de la que proceden algunas masas arboladas de robles y encinas, que hoy se consideran generalmente como bosques naturales. Las transformaciones técnicas operadas en la agricultura han conducido, por otro lado, junto con la despoblación de los espacios rurales, al abandono de terrazgos, sobre todo en las laderas. Rebrota con vigor y progresa en ellos, y en terrenos antaño dedicados a pastizales, la vegetación natural. El fenómeno incluye especies arbóreas, encinas, robles, pinos y sabinas, sobre todo en las áreas montañosas y en sus periferias, donde la espesura progresiva que van alcanzando los montes de los pueblos los convierte en casi intransitables. Constituye todo ello un espectáculo de regeneración natural que era imprevisible hace escaso número de años.

        En las llanuras, de forma inopinada, se han constituído en fechas recientes algunos ambientes de humedales a partir de graveras excavadas para abastecer de material a las obras públicas y a la construcción. La proximidad del nivel freático hace que, una vez abandonadas, el agua aflore permanentemente en superficie, formando charcas, pronto colonizadas por una vegetación acuática y ripícola, con cuyo amparo inician su desarrollo colonias de fauna adaptada a estas condiciones.

        Se trata, en resumen, de un espacio ecológico sometido a diversas influencias, de signo contrapuesto, tanto físicas como humanas, y donde la actividad agrícola ha llevado a grandes transformaciones.


* Historia 16 de Burgos. Burgos. Diario 16 de Burgos. 1993. 1.086 págs., cf. págs. 15-26.    principio de página
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