BURGOS. LA CONFIGURACIÓN FÍSICA DEL ESPACIO PROVINCIAL *






José Luis MORENO PEÑA


        Burgos es solar con presencia humana muy antigua. Se constata el establecimiento de grupos de cazadores en los ambientes boscosos de la Sierra de Atapuerca desde hace cientos de miles de años. Las características de la evolución geológica han permitido que se conserven vestigios de aquellos primigenios habitantes de nuestra provincia, tan rica en historia como temprana es su entrada en ella. Acomodándose con dificultad a las posibilidades de un medio no siempre favorable, escapando, primero, a duras penas de las amenazas de una naturaleza hostil, pasando, paulatinamente, a dominarla, el hombre fue acondicionando el entorno inmediato en que la diaria repetición de la carrera del sol por el cielo marcaba inexorable el efímero tránsito de su vida, jalonada por dos tipos de hitos, compuestos por igual de espacio y de tiempo, de territorio e historia.

        Ambos aspectos son inseparables de la existencia del hombre, que atraviesa la Tierra inmerso en coordenadas espaciotemporales, que vive en un espacio y durante un tiempo. Uno es imposible sin el otro.

        Como la vida humana, el espacio en que se desenvuelve es susceptible de enfoque desde la perspectiva temporal, porque la Tierra también tiene su evolución en el tiempo. Con ella iniciaremos esta historia de los hombres en Burgos, con una descripción del territorio que ha sido escenario secular de sus afanes.



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        La provincia de Burgos se extiende sobre 14.328 km2, situados entre 2 33' y 4 19' de longitud oeste y 43 12' y 41 32' de latitud norte. En tan amplia superficie caben multitud de aspectos, por más que una visión sobrecargada inicialmente por los matices de una percepción esteticista difundiera desde finales del siglo XIX la imagen que por reducción desde una idealización de Castilla resumía también el paisaje burgalés en una sucesión de solitarias planitudes con monótona coloración. Una descripción basada en la realidad nos lleva a una visión más rica en formas, en cromatismos y en contrastes.

LA COMPLEJIDAD GEOMORFOLÓGICA DE LA PROVINCIA DE BURGOS.

        Una dilatada historia geológica ha dejado su huella a través del espacio burgalés en una gran variedad litológica y en la configuración de unos conjuntos morfológicos de naturaleza plural. Materiales heterogéneos por su origen, edad y características se unen a unas formas de relieve igualmente dispares por su génesis y posterior evolución para modelar unos espacios que tienen entre sus notas peculiares la diversidad. En relación con las características fisonómicas generales el territorio provincial se articula en dos conjuntos, las montañas y las llanuras.

        Las montañas corresponden a dos espacios distintos por su situación y por los rasgos morfológicos. Uno de ellos, el de las "Montañas de Burgos", rama meridional de la Cordillera Cantábrica, se extiende por el tercio septentrional de la provincia, donde da personalidad a la comarca de las Merindades. Tiene prolongación hacia el sur y oeste por las Parameras de la Lora y Masa y por las Loras, y se extiende en el este hacia la cuenca de Miranda. El otro, "la Sierra", que tiene su núcleo en el Macizo de la Demanda, sector burgalés de la Cordillera Ibérica, se sitúa al sureste y sirve de divisoria entre las cuencas del Ebro y del Duero. Aun se puede señalar otra área de relieve accidentado, si bien de extensión mucho más reducida y con alturas y altitudes menores, el entrante de la Serrezuela de Pradales en los confines meridionales, fronterizos con Segovia.

        Las llanuras, que corresponden en su mayor parte a la cuenca sedimentaria de Castilla la Vieja, drenada por la red del Duero, se extienden por el centro, oeste y sur. Hay que añadir, en el este, la Bureba, de dimensiones inferiores al anterior conjunto, del que se diferencia también por su menor altitud y por ser tributaria del Ebro, lo mismo que las tierras de Miranda y del Condado de Treviño, aun más orientales, a las que se accede después de traspasar, por el angosto desfiladero de Pancorbo, hoy trepanado de túneles, los Obarenes.

EL CARÁCTER POLIGÉNICO DEL RELIEVE DE LA PROVINCIA DE BURGOS.

        Estas unidades son resultado de una génesis y evolución compleja, a través de la cual y mediante procesos muy dilatados en el tiempo, se han constituído y deformado tanto las montañas como las llanuras.

        Hay que situar el punto de partida en el viejo zócalo que sirvió de base para el armazón del relieve peninsular. Arrasado por la erosión ya a finales del Primario, recibió después diversas aportaciones sedimentarias para verse por último afectado por movimientos orogénicos, que lo alteraron y rejuvenecieron.

        A lo largo del Secundario parte de ese zócalo, constituído por rocas plutónicas y metamórficas, sobre todo granito y gneis, y por rocas sedimentarias y metamórficas del Primario, como areniscas, cuarcitas y pizarras, fue cubierto por las aguas del mar en las transgresiones del océano, que se sucedieron a lo largo de millones de años. De ellas proceden los numerosos fósiles marinos que encontramos en diversos lugares, conservados entre los espesos bancos de sedimentos acumulados en el fondo de aquellos mares periféricos.

        En el Terciario, con ocasión de la orogénesis alpina, el zócalo se fracturó en bloques. Algunos se levantaron, dando lugar a montañas de fallas, mientras los depósitos secundarios evolucionaron morfológicamente con una tectónica de plegamiento. Se constituyeron así los dos tipos de relieves montañosos de Burgos, los de estructuras falladas de la Demanda y los de estructuras plegadas de su orla mesozoica y del norte de la provincia.

        A la vez que el zócalo fracturado se elevaba en algunos lugares, como en el sector de la Cordillera Ibérica, formándose horts en el núcleo y pliegues en los bordes, y se plegaban los materiales secundarios de la Cordillera Cantábrica, en otras partes se hundía cientos de metros y se convertía en una cuenca de sedimentación, la de Castilla la Vieja, que a lo largo de un período comprendido entre el Paleógeno y el Mioceno recibió la aportación, en medios lacustres y palustres, de los materiales arrancados por la erosión en los relieves destacados de la Cordillera Cantábrica y de la Ibérica.

        Posteriormente se produjeron movimientos de basculamiento, que inclinaron el conjunto del zócalo, con los materiales sedimentarios sobre él depositados, hacia el oeste, a la vez que se producían movimientos de ajuste por descompresión, con levantamientos epirogénicos sobreimpuestos al escoramiento de la Meseta, que perdió su carácter endorreico y comenzó a desaguar al Atlántico. Empezaron los ríos y otros cursos de agua a excavar en los blandos y deleznables materiales terciarios, que, al no haber sido posteriormente afectados por deformaciones orogénicas, han conservado su disposición estructural, esencialmente horizontal.

        Marcando el punto de partida para la actuación de una erosión diferencial, tras la que han quedado en resalte las calizas de los páramos, se han encajado en los niveles más blandos, dando lugar a amplios valles y a extensas campiñas, de formas condicionadas por la diversidad litológica.

        La evolución morfológica más reciente se corresponde con las oscilaciones climáticas pliocenas y cuaternarias, con procesos vinculados a climas áridos en el período Villafranquiense, entre 1'5 y 3'3 millones de años, y con un encajamiento de la red fluvial a lo largo del Cuaternario, acompañada de procesos de erosión lateral. Los materiales arrastrados han sido en parte evacuados a través del Duero y sus afluentes hacia las profundidades del Atlántico y en parte se han mantenido dentro de la cuenca por procesos de aluvionamiento. A partir de ellos se han formado con posterioridad diversos niveles de terrazas. En otros sitios, deslizamientos de soliflucción han tapizado valles y laderas con sus pastosos mantos, después consolidados para servir de base a una parte de las tierras agrícolas. En los lugares más elevados, situados en la Cordillera Ibérica y orientados al norte, se produjeron retoques de modelado glaciar durante la glaciación Würm. Muy localizados y de escasa extensión, a ellos se deben algunos nichos de nivación y circos glaciares, como los de la Concha, en Pineda de la Sierra, los del flanco norte de la línea de cumbres entre el Trigaza y el San Millán, así como los de la vertiente septentrional del Alto de la Campiña, en Neila, que sirven de cuna para el alojamiento del complejo lacustre en que se agrupan las lagunas Negra, Larga, de la Cascada, de los Patos y otras de menores dimensiones.

        Esta evolución del relieve se ha producido sobre un conjunto litológicamente diversificado, constituido por materiales que van desde la Era Primaria hasta el Cuaternario.

LA GRAN VARIEDAD LITOLÓGICA DE LA PROVINCIA DE BURGOS.

        Los materiales más antiguos, de la Era Primaria, los del Cámbrico, con una antigüedad de 600 a 500 millones de años, aparecen en el núcleo de la Demanda. Alternan series de conglomerados, areniscas y esquistos. Encima, con una extensión menor y antigüedad entre 500 y 440 millones de años, se encuentran otras rocas detríticas, cuarcíticas y areniscosas, esquistos y formaciones flysch, del Ordovícico. Hay, por último, varios afloramientos del Carbonífero, de edad entre 350 y 270 millones de años. Incluyen series de conglomerados con clastos de gran tamaño, de hasta un m3, areniscas, gravas, esquistos y calizas, así como cuatro capas de carbón, objeto hasta hace tres decenios de diversas explotaciones mineras, hoy cerradas, en Alarcia, Valmala, Villasur de Herreros y San Adrián de Juarros. El Cámbrico aparece también en una pequeña intrusión en el sur de la provincia, en la Serrezuela de Pradales.

        El segundo conjunto de rocas, cuya edad oscila entre 270 y 70 millones de años, es el constituído por los depósitos mesozoicos del Trías, del Jurásico y del Cretáceo, que forman el extenso sector burgalés de la parte meridional de la Cordillera Cantábrica y que también tienen representación en la Sierra de la Demanda, donde orlan al núcleo paleozoico, sobre todo por el sur y por el oeste.

        En el norte de Burgos, el Trías, con origen comprendido entre 270 y 180 millones de años, está representado por las rojas arcillas del Keuper, que se ha proyectado verticalmente hacia la superficie, a través de pliegues de núcleo perforante o a lo largo de líneas de fractura, aprovechando la menor densidad que le da su contenido en sales, extraídas desde la antigüedad en explotaciones como las de Salinas de Rosío y Poza de la Sal. Frecuentemente contienen nódulos de yeso, cristales bipiramidales de cuarzo y aragonito. En el sector externo de la Demanda, además del Keuper, que aquí no suele ir acompañado de los cristales de cuarzo, aparece el Buntsandstein, en forma de conglomerados brechoides y areniscas de color granate, que, usados como material constructivo, tiñen el poblamiento tradicional con un cromatismo de cálidas tonalidades.

        El Jurásico, cuyos depósitos se remontan a un período que abarca desde hace 180 a 130 millones de años, presenta una facies marina, correspondiente a los materiales calizos y margosos del Lías-Dogger. Sobre ella se dispone otra continental, con depósitos detríticos y predominantemente sueltos pertenecientes al Purbeckiense y a facies del Wealdense. Alternan arenas, areniscas y conglomerados, y en menor medida capas de calizas, margas y arcillas. Dan lugar, en conjunto, a sectores deprimidos, situados entre los materiales más resistentes de las series que los anteceden y suceden estratigráficamente. Frente a la abundancia en fósiles marinos de algunos de los niveles del Lías-Dogger los de carácter continental incluyen en algunos lugares estratos con lignitos y gigantescos troncos de árboles petrificados, como los de Hacinas y Castrillo de la Reina.

        El Cretácico, que se remonta a una edad entre 130 y 70 millones de años, tiene gran extensión en nuestra provincia, donde aparecen todas sus series desde el Albiense hasta el Campaniense y Maestrichtiense. Comprende principalmente calizas, y en menor medida materiales arenosos y margosos. De su diferente resistencia frente a la erosión ha resultado un relieve relativamente quebrado.

        El Terciario, con una antigüedad entre 70 y 1'8 millones de años, aportó las rocas que forman las llanuras del centro, oeste y sur de la provincia, así como la cuenca de la Bureba y las tierras de Miranda y Condado de Treviño. Comprende series sedimentarias, que van desde el Oligoceno al Mioceno, formadas por conglomerados y areniscas y sobre todo por arcillas, arcillas arenosas, margas con yesos y las calizas del páramo, que se sitúan en el nivel culminante estratigráfica y topográficamente.

        Hay, por último, materiales del Cuaternario, entre los que destacan gravas, en las que se embuten cantos rodados de cuarcita, y en menor medida caliza, entre matriz arcillosa y arenosa, depositados por los ríos, más caudalosos que hoy, en el fondo de los valles. Los episodios erosivos más recientes los han dejado en algunos puntos, como terrazas, en resalte, por sobreexcavación de los cursos fluviales en sus propios sedimentos. Junto a ellos aparecen en otros lugares materiales finos, limoarcillosos, que constituyen una buena base para los suelos agrícolas.

MONTAÑAS Y LLANURAS, LOS DOS TIPOS DE RELIEVE EN BURGOS.

        La diferente edad y características de los materiales y acciones estructurales han confluído en la formación de dos grandes tipos de paisajes: montañas y llanuras. Se distribuyen por el espacio provincial configurando grandes conjuntos, las "Montañas de Burgos", en el norte, la "Sierra", en el sureste, y los extensos sectores de páramos, campiñas y riberas en el resto del territorio.

Las "Montañas de Burgos".

        Las estructuras morfológicas vinculadas a la Cordillera Cantábrica alcanzan gran extensión. Ocupan el sector situado al norte de una línea que, en dirección sureste, va desde Rebolledo de la Torre hasta, a pocos kilómetros de la ciudad de Burgos, Ubierna. Se prolonga hasta Monasterio de Rodilla, Salinillas de Bureba y Piérnigas, en forma de un estrecho pliegue, que penetra en la Bureba, a la cual delimita también con un escarpe neto por el oeste y norte a partir de una línea que sigue desde Quintanilla Sobresierra a través del borde de las parameras de Masa, por Poza de la Sal, hasta la Sierra de Oña y los Montes Obarenes.

        En la parte más occidental de este conjunto se sitúa la comarca de las Loras, con un tipo original de relieve inverso, definido por la alternancia de extensas depresiones abiertas en los materiales arenosos del núcleo de los anticlinales y elevados sinclinales colgados, que destacan netamente, a través de potentes escarpes verticales, entre los que se escalonan rellanos y depresiones ortoclinales. A partir de ellos el geógrafo J. García Fernández ha introducido en el catálogo de formas lo que él ha denominado "sinclinales tipo Lora". El nivel de altitudes culminantes se sitúa en torno a los 1.100 metros, superados en las loras más elevadas, como la de Peña Amaya, con 1.377 m., la de Albacastro, con 1.362, la de Rebolledo, con 1.234, y la de la Ulaña, con 1.231 m. Al norte de una gran línea de fractura, la dislocación Lomilla-Castrillo, aparece otra unidad, definida también por el resalte de sinclinales colgados, pero aquí de dimensiones más grandes, y con superficies muy karstificadas, salpicadas de dolinas, uvalas, valles secos y sumideros, por los que se desecan las desoladas superficies de la lora de Sargentes y las parameras de Masa-Sedano, así como, en una posición algo más septentrional, las de la lora de Bricia.

        Una entalladura da entrada al Ebro en nuestra provincia por este sector, en Orbaneja del Castillo, a través de hondos y estrechos cañones, que lo conducen hacia el Valle de Zamanzas y Manzanedo. Más al norte se adosa el espacio conocido como las "Montañas de Burgos", al que corresponde, en grandes líneas, la actual comarca de las Merindades, que vierte sus aguas al Mediterráneo, si bien un pequeño sector desagua en el Cantábrico. La menor altitud de sus áreas deprimidas, entre 500 y 700 metros, da lugar, por contraposición a las superficies situadas por encima de los 900 metros, a un relieve más contrastado, de donde procede su carácter de área montañosa, aunque las altitudes máximas no son muy elevadas. Casi nunca llegan a los 1.300 metros y ninguna alcanza los 2.000, hallándose la mayor en Castro Valnera, con 1.707 m. El gran sinclinal de Villarcayo-Tobalina, donde se sitúan los Llanos de Castilla Vieja, con unas dimensiones de 50 por 25 km., y relleno en su fondo con materiales terciarios y cuaternarios, constituye la pieza maestra del conjunto. Por el norte llega hasta la depresión de Espinosa de los Monteros, en cuyo flanco meridional, en Ojo Guareña, se inicia uno de los mayores complejos de cavidades kársticas de España. Otras estructuras plegadas y diapíricas se acoplan a este flanco septentrional. Por el sur, de oeste a este, se suceden varias bóvedas anticlinales, el anticlinal de Leva, la Sierra de Tesla, que establece la separación con otro gran sinclinal, el de Valdivielso, que alarga su eje en dirección sureste-noroeste, el anticlinal de Frías y el de Humión, máxima altitud de este sector, con 1.435 m. Más al este, continúan los Montes Obarenes, que establecen el cierre septentrional de la Bureba.

La "Sierra".

        El sector burgalés de la Cordillera Ibérica es "la Sierra". Forman su núcleo central varios bloques paleozoicos, levantados entre fallas y rodeados de materiales secundarios -triásicos, jurásicos, cretácicos-, dispuestos en pliegues de dirección predominante sureste-noroeste, que se suceden en relevo de norte a sur.

        La Sierra de la Demanda, la más desarrollada de las montañas burgalesas, incluye la máxima culminación provincial en el Pico de San Millán, con 2.131 m., a cuyos pies nace el Arlanzón. Al suroeste, separado por el sector deprimido de Pineda, se alza otro bloque, que en el Pico Mencilla se eleva hasta los 1.929 m. Después de la fosa de Tinieblas y de la Sierra de Casarejo, se inician, más al oeste, las estructuras plegadas de la orla mesozoica, que se extienden desde la Tierra de Lara hasta la Tierra de Pinares, en forma de largos pliegues, que han dado lugar a un relieve en parte conforme y en parte inverso, en el que se suceden sinclinales colgados, bóvedas anticlinales, pasillos ortoclinales, uno de los cuales siguió el Cid en su camino de destierro a Valencia, y depresiones correspondientes a grandes combes. Los resaltes máximos corresponden a la Muela, con 1.372 m., en la Sierra de las Mamblas, la Valdosa, con 1.412 m., en las Peñas de Cervera, y la Sierra de Carazo, con 1.458 m. en la Mesa de Carazo y 1.455 m. en el bloque de San Carlos, que, por su posición, fue casi inexpugnable fortín de las huestes del cura Merino durante las guerras del siglo XIX. En el sector más suroriental se inicia la comarca de Pinares, con prolongación en Soria. Las cuarzarenitas jurásicas se elevan en la Sierra de Neila y alcanzan los 2.049 m. en el Alto de la Campiña, a cuyos pies la glaciación cuaternaria excavó los lechos, cerrados por arcos morrénicos, donde se aloja el complejo lacustre al que da nombre la "Laguna Negra". En sus proximidades, algo más al este, tiene sus fuentes, entre tupidos y esbeltos pinares, el río Arlanza.

Las llanuras de la cuenca sedimentaria.

        En el centro, sur y oeste de la provincia se extiende una sucesión de llanuras, modeladas por la erosión a lo largo del Cuaternario sobre los materiales depositados durante el Terciario. Otra cuenca de menores dimensiones es la de la Bureba, en la parte oriental, así como, al norte de los Montes Obarenes, la de Miranda.

        Las llanuras del oeste, centro y sur, drenadas por el Duero, forman varios conjuntos, páramos, campiñas y riberas, con altitudes comprendidas entre los 900-1.020 m. de los niveles culminantes de los páramos y los 760 m. del nivel más bajo de las campiñas y riberas.

        Los páramos corresponden a las llanuras más perfectas y están definidos por la coincidencia de máxima altitud topográfica y estratigráfica en el nivel de las calizas depositadas a finales del Mioceno. Entre ellas se abren anchos valles, con fondo plano. A sus lados fluyen otros más pequeños, que ascienden con suavidad hasta terminar, como valles en cuna, fundidos y confundidos con el nivel estructural de las plataformas culminantes. Algunos sectores de páramo han quedado aislados, en forma de cerros testigos, como el que sirve de fundamento al castillo de Castrojeriz. Se extienden en el oeste de la provincia a partir de una línea que va desde el sur de Villadiego hasta el sur de Castrojeriz.

        Al noroeste de ella hay un conjunto de campiñas, prolongación en Burgos de Tierra de Campos. Son suaves y onduladas superficies labradas por la erosión en las blandas arcillas terciarias, con menor altitud que los páramos, porque el desmantelamiento ha profundizado hasta niveles más bajos. Forman una sucesión de colinas y ondulaciones de pendiente muy escasa que rodean vaguadas extensas y de fondo casi plano, donde el cereal ocupa casi todo el espacio, transformado en un terrazgo desnudo de árboles. En el extremo meridional, hay otro sector de campiña, en la Ribera del Duero, con un ancho valle en torno al cual se ha tallado una superficie ligeramente ondulada, en la que han quedado en resalte pequeñas eminencias de gravas, donde se asientan las viñas. Desde aquí hacia el norte se sucede un conjunto de páramos entrecortados por valles y riberas de anchura variable. Llegan hasta los alrededores de de la ciudad de Burgos y se continúan en el oeste por las tierras del Cerrato palentino.

        Otro elemento significativo, que es preciso señalar, es el que corresponde a las imponentes formaciones esculpidas a lo largo de millones de años por la circulación de las aguas subterráneas, que han horadado el subsuelo con numerosas cavidades, algunas de las cuales fueron habitadas por los primitivos pobladores de nuestra provincia. Constituyen un hermoso y casi desconocido mundo, extendido bajo nuestros pies y apenas entrevisto aunque es de grandes dimensiones, y donde, entre sonoridades extrañas, sombras y soledad, se han desarrollado originales formas de vida. De su evolución proceden, además, en parte, los paisajes definidos por los largos y profundos cañones del Ebro y Rudrón.


*Historia 16 de Burgos. Burgos. Diario 16 de Burgos. 1993. 1.086 págs., cf. págs. 5-14.    principio de página
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